Los efectos secundarios de la vacunación, generalmente leves, pueden ocasionar molestias. A medida que más y más personas se dirigen a recibir sus dosis, es importante saber de antemano qué esperar cuando te vacunas y aprender a lidiar con estos posibles efectos.

En primer lugar, para comprender por qué desarrollamos reacciones después de recibir la vacuna, debemos conocer el funcionamiento de nuestro sistema inmunológico.

Las reacciones inflamatorias, como se les llama comúnmente, son efectos secundarios que se activan cuando el sistema inmunológico entra en modo de defensa y los anticuerpos comienzan a acumularse lentamente. Estos efectos también son la primera forma en que nuestro cuerpo responde cuando se percibe un patógeno. Por lo tanto, es común esperar reacciones como fiebre, dolor corporal y muscular, fatiga y escalofríos después de la vacunación.

Estos efectos secundarios también pueden diferir de una persona a otra y de cómo reacciona el sistema inmunológico. Esta es la razón por la que puede suceder que algunas personas experimenten peores reacciones, mientras que otros no pasaron por ningún malestar.

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Pero ¿hay alguna manera de reducir la posibilidad de tener efectos secundarios tras vacunarse contra el COVID-19?

Vacunación e hidratación

“Es extremadamente importante asegurarse de estar hidratado antes y después de la vacunación”, había dicho en abril a la revista digital Bustle el médico Robert Quigley, director médico global de la compañía de mitigación de riesgos médicos International SOS. “La hidratación inadecuada o, peor aún, la deshidratación pueden exacerbar los efectos secundarios de la vacuna”, adicionó.

Aunque estas declaraciones puedan ser interpretadas que se deba tomar agua para reducir efectos secundarios de la vacunación, no hay evidencia que respalde que ingerir una determinada cantidad de agua ayude a prevenir los efectos secundarios comunes de la vacuna.

Generalmente, las vacunas funcionan entrenando el sistema inmunológico del cuerpo. A través de la exposición de partes debilitadas o inactivas de un virus (antígenos; sustancias que producen respuestas inmunitarias), el cuerpo reacciona y forma anticuerpos específicos dirigidos a ese patógeno en particular. Así que al momento de que ocurra una exposición real al patógeno, la respuesta de la memoria de tu cuerpo se activa y estará preparado para luchar.

Las vacunas de tecnología ARN, como las de Moderna y Pfizer, contienen el modelo para producir antígenos en lugar del antígeno en sí. Pfizer. Independientemente de si la vacuna está compuesta por el antígeno en sí o por el modelo para que el cuerpo produzca el antígeno, “esta versión atenuada no causará la enfermedad en la persona que recibe la vacuna, pero hará que su sistema inmunológico responda tanto como sea posible, tendría su primera reacción al patógeno real”, afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La respuesta inmunitaria sigue dos caminos: a largo plazo, ayuda al cuerpo a aumentar las defensas a largo plazo contra el virus; mientras a corto plazo la vacuna también causa una respuesta inmunitaria innata, responsable de los efectos secundarios que las personas sienten cuando se vacunan.

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“El agua no es la solución mágica que te brindará la respuesta inmune óptima", explicó Sonia Sharma, , inmunóloga del Instituto de inmunología La Jolla, en California. Foto: Unsplash

Estudios en ranas sugieren que la deshidratación extrema podría inhibir el sistema inmunitario, explicó a National Geographic Sonia Sharma, inmunóloga del Instituto de inmunología La Jolla, en California. Algunas investigaciones sugieren que las personas sienten más dolor cuando están deshidratadas, señaló Jodi Stookey, epidemiólogo especialista en nutrición del Instituto de investigación del Hospital de niños de Oakland, también en California.

Sin embargo, existen investigaciones que demuestran que beber demasiada agua disminuye los niveles de sodio y provoca dolor de cabeza, fatiga y convulsiones. Además, muchos expertos argumentan que, fuera del contexto de calor excesivo o de un ejercicio de resistencia, los adultos sanos pueden adquirir los líquidos suficientes mediante la comida y las bebidas.

Y aunque el agua podría desempeñar un papel en la prevención de las piedras en el riñón y las infecciones urinarias periódicas, es improbable que el agua logre por sí sola maximizar la respuesta inmunitaria y minimizar los efectos secundarios. “El agua no es la solución mágica que te brindará la respuesta inmune óptima”, sostuvo Sharma. “Forma parte de los comportamientos saludables que promueven un sistema inmunitario sano”.

“La idea de que beber grandes cantidades de agua puede ayudarte a evitar los efectos secundarios de la vacuna contra el COVID me parece ridícula”, afirmó Michael Gleeson, profesor emérito de bioquímica del ejercicio en Loughborough University, Reino Unido. “El agua no influye en la función inmunitaria”, señaló.

Es importante señalar que algunos expertos consideran que el consejo de hidratarse antes de vacunarse es inofensivo y posiblemente incluso beneficioso si ayuda a motivar a la gente para que se vacune. “La gente tiene mucha fe en el agua y, si hace que la gente se sienta mejor, ¿qué daño hace?”, dijo Alex Kemper, jefe de la división de atención pediátrica primaria en el Hospital Infantil Nationwide de Columbus, Ohio.

“En un día normal puedes permitir que tu tendencia innata te haga beber cuando tengas sed. Y probablemente se aplique lo mismo el día de la vacunación”, señaló. (I)