Un trastorno de salud mental se caracteriza por una combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás. Entre ellos se incluyen la depresión, el trastorno afectivo bipolar, la esquizofrenia y otras psicosis y las demencias.

Pues bien, los expertos de la Asociación Ecuatoriana de Psiquiatría núcleo de Pichincha (AEPNP) dicen que el teletrabajo 24/7 es un potenciador de trastornos.

Luego de 18 meses de trabajar sin horarios, un gran número de empleados se enfrenta a una nueva realidad: se ha creado la sensación de que se puede estar disponible las 24 horas, todos los días. Puede que ni siquiera sea necesario que las políticas de la organización lo pidan. Basta con que el trabajador se lo autoimponga.

El doctor Pablo Jiménez Prado, médico psiquiatra, explica la necesidad de alertar sobre el estado de la salud mental en Ecuador. Primero, nos enfrentamos a conceptos que no conocíamos: cuarentena, confinamiento y aislamiento, a más del miedo persistente y al deterioro en la calidad de vida en lo económico, laboral y social. “Nunca –en la memoria colectiva–habíamos tenido tantos duelos”.

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El manejo del tiempo libre es esencial para evitar el desgaste mental. Foto: El Universo

¿De dónde sacamos la idea de que podíamos ser 24/7? “No estábamos entrenados (para el teletrabajo), pensamos que había que agradecer el tener un trabajo y que debíamos cuidarlo… y eso rompió con el espacio privado”, reflexiona Jiménez, mientras comenta que ahora da consulta (y entrevistas) desde un espacio que antes no era compartido, su oficina personal.

“Como profesor universitario, todos los días ‘entro’ a las habitaciones de mis alumnos. Y ellos a la mía, cosa que no pasaba”. Este aspecto aparentemente inocente ha contribuido a privilegiar la idea de que no hay límites. Los procesos de comunicación que antes transcurrían en el espacio y el tiempo del aula o la oficina ahora van más allá. Y la falta de límite lleva a ciertas formas de abuso.

¿Recuerda usted cuando la recomendación era: ‘Usted sale del trabajo, cierra la puerta y se acabó’? Entraba a su casa y podía vivir su vida. Ahora no, todo está imbricado y genera una desubicación general. Nos ha forzado a un ritmo de trabajo que sí tiene un precio.

Pablo Jiménez Prado

Los efectos van desde problemas visuales, burnout (desgaste mental), falta de desarrollo profesional (no hay tiempo para pensar en lo que se hace y por qué, y cómo hacerlo de nuevas y mejores maneras), hasta la fragmentación de las tareas del hogar y del trabajo (no se termina una cosa cuando surge otra) y el descubrimiento de que ciertos aspectos de la cultura organizacional ya no resultan adecuados para el momento que se vive, pero nadie se atreve a cambiarlos. Todos estos elementos pueden y están desatando trastornos depresivos, de ansiedad o de fatiga crónica.

Los más vulnerables en salud mental

Todos hemos cambiado nuestras rutinas y expectativas, pero a quienes más ha costado este proceso de adaptación es a los niños y adolescentes, afirma el psiquiatra Jiménez. “Antes de esto, teníamos muy claro que el tiempo de ellos frente a la pantalla debía ser limitado, y procurábamos que no se excedieran; de repente, estamos promoviendo su uso”.

Los niños y adolescentes son los que más sufren los efectos del distanciamiento. Foto: El Universo

Lo normal es que los niños vayan al colegio, más que por el incentivo de estudiar, por el deseo de verse con sus amigos y divertirse. Como resume Jiménez: “El vínculo de pares es, quizás, lo más significativo de la educación; sí, hay habilidades cognitivas, pero es el encuentro con el otro lo que permite que los jóvenes tengan un mejor reflejo de sí mismos y crezcan”.

Los padres han sufrido junto con los hijos esta dificultad. “He tenido referencias de mamás y papás que hablan de estados de tristeza y encierro en los niños; la consecuencia es también dolorosa y compleja, como el aumento de la violencia dentro de la familia”.

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Dibujando nuevamente los límites

El camino a un equilibrio pasa por el orden y los límites. Este tema de estar alerta siempre y en todo momento viene de varias direcciones. Una, probablemente, es la necesidad de ser reconocidos y no perder espacio, dice el psicólogo clínico Jorge Luis Escobar.

“Lo otro es que asumimos en el imaginario que podemos estar así, y eso desgasta la vida y las otras actividades. En filosofía se habla de la rueda de la vida y se sugiere que tengamos la prudencia de dedicar el tiempo necesario para cada actividad”, incluyendo comer, dormir, jugar, pasar con la familia, la pareja y el trabajo.

Descansar requiere su tiempo, así que eso ya nos da una indicación de que no podemos ser 24/7. Usted no es una empresa ni un negocio, que pueden atender permanentemente porque trabajan con turnos de ocho horas. Usted es una persona. Debe saber poner límites a los demás –clientes, empleadores, hijos– para que no invadan el tiempo dedicado a la vida personal, íntima, a las reflexiones particulares.

“Muchas veces, por la necesidad de sentirnos aceptados, por no perder el lugar ganado en alguna persona, comunidad o trabajo, solemos permitir que esos límites se rebasen”, y luego nos complicamos, porque somos esclavos de las consecuencias de esas acciones.

Si hemos caído en esto, dice Escobar, necesitamos despertar de esta ficción. “Es, más o menos, como decir: ‘Estaré contigo por siempre’. Promesas que no van a poder cumplirse y que dejan altos niveles de frustración”.

Pausas en cuerpo y mente para salvar la salud

Recuerde la vida en el colegio, con bloques de días y asignaturas, con intervalos de descanso. “Es buena idea aplicar este método a nuestra vida personal, en la intención de organizar nuestro tiempo en equilibrio”, recomienda la terapeuta holística Verónica de Ycaza. “Y que evitemos el uso del celular durante el espacio que nos damos para descansar y compartir de manera presencial con quienes escojamos estar”.

El uso continuo del celular impide que nos concentremos en el aquí y ahora, pues abre ventanas de forma simultánea y hace que nuestra mente esté en cinco lugares o más a la vez... cuando solo somos una persona.

Foto: El Universo

“Esto nos dispersa y agota. Para descansar y revitalizarnos, lo mejor es poner la atención en nuestra respiración, inhalar, exhalar, estirarnos, al menos cada dos o tres horas”. Lo ideal, continúa De Ycaza, sería practicar también algo de ejercicio físico y meditación a diario.

La sensación de disponibilidad total, sin espacios propios es, posiblemente, un hábito relacionado con el uso inadecuado de la tecnología. Para salir de ello, cree un nuevo hábito saludable, elegido conscientemente. Un hábito significa algo practicado de manera continua, sin excusas, al menos 40 días. “Si fallamos, es de volver a empezar”, anima la terapeuta. “Lo importante es llegar a crear una vida a la que nos guste despertar y ver”.

La adaptación y flexibilidad son el camino

No todo ha sido negativo en el trabajo. “Hemos aprendido mucho. Hay cosas que deben rescatarse. Personas con discapacidades, que hacían esfuerzos impresionantes para hacer su trabajo, y esto las ha favorecido. Creo que cada vez lo haremos mejor, si aprendemos a poner límites”, opina Jiménez, quien contempla con humor no volver a calificar en papel, cuando existe la examinación en el aula virtual, que da una calificación inmediata. El tiempo ahorrado en transporte es otra de las enormes ventajas. Y eso también es salud mental.

Por supuesto, el médico aconseja salvaguardar aquello que debe hacerse presencialmente. Y aceptar que el mundo cambió, y que la capacidad de adaptarnos de la mejor manera a estas nuevas formas es lo que va a darnos salud mental. “Pero no hay disponibilidad absoluta, eso no puede pasar”.

“La humanidad ha vivido (en este último año) con miedo a morir, y eso nos hará reenfocar la vida”. Los efectos pospandemia se reflejarán desde ahora hasta 2023 y 2024, tiempo en el que se proyecta, según Jiménez, una etapa de gran desinhibición, que también podría ser calificado como incivilidad o indisciplina. El psiquiatra prefiere verlo como reacciones humanas. “Son los jóvenes, que tienen que vivir la vida de jóvenes, y que incluso desafían la posibilidad de enfermarse por su necesidad de expresión, de libertad y de disfrute”.

En los próximos años se prevé una reacción de desinhibición pospandemia. Foto: El Universo

Buscando soluciones para la vida diaria

La solución parecería ser retomar las labores presenciales y lograr una productividad similar a la que existía antes de la pandemia. El doctor Juan Ayala, presidente de la Asociación de Psiquiatría, recalca que no es tan simple como eso. Entre las personas aún predomina el temor de contraer el virus y la tensión por los cambios sociales: distanciamiento social, teletrabajo, desempleo, clases virtuales, falta de contacto con seres queridos.

La psiquiatra Genoveva Torres Dávila, vicepresidenta de la Asociación, habla de dos necesidades básicas en este tiempo: aprender a ser tolerantes con la soledad y saber manejar en forma apropiada el aburrimiento y el tiempo libre.

Por supuesto, también hay que gestionar el trabajo. Si bien debemos seguir rindiendo en la medida de nuestras responsabilidades, también debemos prestar atención al estado de ánimo, las emociones y sentimientos, los pensamientos positivos, los deseos de vivir, las metas y objetivos, y la capacidad de afrontar, resolver y sobrellevar los conflictos de la vida diaria sin tener que recurrir a drogas ni alcohol.

Como respuesta, la AEPNP preparó las Jornadas de Salud Mental en Tiempos de Pandemia, del 11 al 13 de octubre, en que se abordaron temas como el aumento en el consumo de alcohol, drogas y el incremento de la violencia intrafamiliar.

Cifras de salud mental en Ecuador y el mundo

  • 30 de cada 100 personas sufren un problema de salud mental en Ecuador.
  • 8 de cada 100 están afectadas por cuadros de depresión.
  • 5 de cada 100 padecen ansiedad.
  • Para 2030, los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad a escala mundial, y se estima que una de cada 4 personas tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida.
  • El 12,5 % de los problemas de salud lo representan los trastornos mentales, siendo más altos que el cáncer y los problemas cardiovasculares.
  • 1 % de la población desarrollará algún tipo de esquizofrenia a lo largo de su vida.
  • 50 % de los problemas de salud mental se inician antes de los 15 años y el 75 % antes de los 18. (F)