Hay personas que parecen no poder evitarlo: dejan para después todo aquello que les genera incomodidad. Llamar a un cliente, escribirle a una jefa, entregar un trabajo pendiente o resolver una tarea importante termina relegado a un “mañana” que muchas veces no llega. Aquello que implica ansiedad, presión o temor al error suele ir quedando al final de la lista.