Si el niño antes gustaba de salir (con alguno o ambos padres) a diversos lugares de la ciudad, y ahora lo hace con nerviosismo o aprehensión, estaremos confirmando que el clima de violencia imperante en Ecuador lo está afectando.

Lo anterior es un primer análisis de la terapeuta holística Verónica de Ycaza para poner sobreaviso a las familias sobre cómo la sensación de inseguridad latente en varias ciudades de nuestro país podría estar influyendo en el comportamiento de los más jóvenes y pequeños.

Más allá de ser precavidos y asegurarse de no exponerse a riesgos innecesarios, existen mecanismos que puede implementar para transmitir calma. El primero, por supuesto, será serenarse usted mismo.

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“Si los padres están en igual estado (de temor), este sentimiento se acentuará en el menor. Es necesario que la persona responsable procure calmarse y dar confianza, explicando al niño por qué puede sentirse tranquilo en casa o en determinada salida al exterior”, explica la especialista.

“Se educa con el ejemplo y se logrará si los padres aceptan su propia vulnerabilidad e imperfección (frente a la violencia), pero sin sentirse menos por ello. Solo en aceptación de la propia humanidad harán un puente para la comunicación verdadera y brindarán el aprendizaje de una sana humildad”, transmite.

También, insiste la orientadora, se trata de cultivar una mirada objetiva frente a las distintas situaciones, sin dejar de ser gentil con sus propios sentimientos y el de sus familiares. Así logrará pasar del plano mental al emocional.

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“Un camino para lograrlo es conocer los riesgos y saber qué hacer para evitar exposición innecesaria al peligro”, propone De Ycaza. “O cómo actuar si se diera un problema determinado: así como se instruye en qué hacer cuando hay un terremoto, es vital un plan de contingencia para otro tipo de situaciones de peligro”.

“Solo se puede enseñar lo que se ha integrado en uno”, enfatiza en una entrevista para este Diario. “Primero, deben educarse los padres en saber qué hacer frente a un determinado riesgo y luego practicar en familia, como un juego, sin un tono grave, pero sí con reglas claras”.

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Prácticas de calma

Foto: Shutterstock

La psicóloga Inés Cobo de Gilbert resalta que la primera fuente de apoyo que los menores deben tener son sus padres, pues son ellos los que deben fomentar en los hijos prácticas que incentiven la calma y no la desesperación.

“Hay que irles formando ese sentido crítico, para que no se dejen gobernar por el terror que se trata (en algunos casos) de infundir a través de las noticias falsas”, marca como punto de partida.

Antes de enseñarles cómo reaccionar ante un momento violento, los menores deben conocer la realidad de manera sencilla y sin caer en el sensacionalismo, afirma Cobo.

“Hay que usar un lenguaje que ellos puedan comprender con claridad e indicar lo que está ocurriendo. Es preferible no hacer explicaciones muy elaboradas respecto a problemas muy generales y amplios como el narcotráfico, el terrorismo o la gestión del Gobierno”.

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Durante esta conversación es importante mantener el enfoque positivo.

“No queremos generar cuadros de ansiedad en los niños, pero hay que hablarles siempre con la verdad, con ejemplos cercanos con los que ellos se puedan relacionar y sobre todo desde el núcleo familiar, reforzando ese sentimiento de seguridad”, indica.

Por difícil que sea, resalta Cobo, hay que preparar a nuestros hijos para situaciones de peligro, por eso propone conversar con ellos sobre los siguientes ejemplos.

“Si se acerca una persona a tu ventana, no bajes el vidrio (no abras la ventana)” o “si se acerca una persona a tu ventana con una actitud violenta, te alejas del vidrio” y finalmente, “si se acerca con un arma, te tiras al piso”.

La también directora ejecutiva de Ecomundo afirma que esta tarea preventiva debe estar complementada con protocolos en las escuelas, avaladas por la Secretaría de Gestión de Riesgos. “Las escuelas tienen que dar recomendaciones y prepararlos para los riesgos en función de la realidad que se vive”, sostiene.

Con esta opinión coincide Gabriela Moreira, decana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL). “Lo que está pasando en nuestro país nos lleva a muchas reflexiones. A partir de ahora no solo se debe hablar de los protocolos actuación frente a desastres naturales, sino también situaciones de conflicto”, sostiene.

En tanto, los cuidadores deben enseñarles a niños y jóvenes que en situaciones altamente peligrosas no deben exponerse más de lo que ya deben estar expuestos, precisa, y al contrario, tienen que identificar una zona segura.

“Deben buscar un espacio donde ellos puedan esconderse, donde no estén a la vista de las personas que han entrado en ese momento a perpetuar estos actos violentos (pensando en el ejemplo de un ataque terrorista)”.

Cómo los pequeños actos de bondad de cada día pueden cambiar nuestra vida y la de los demás

Si hay un botón de pánico al alcance, el menor lo debe activar. Y si está cerca de alguien -más vulnerable, por ejemplo-, mostrarle empatía.

“Es vital que ellos (siempre que sea posible) se puedan contener emocionalmente para que en lo posible ayuden a alguien que esta a su alrededor a calmarse”.

En caso de que el menor se encuentre solo en casa, es primordial que asegure puertas y ventanas, y se resguarde con calma. “Ellos tienen que entender que (cuando ocurren manifestaciones violentas en la calle) el entorno más seguro en ese momento es su casa. Por eso es importante que los padres busquen la manera de comunicarse lo antes posible con los hijos para hacerles saber que se encuentran bien”.

No discursos de odio

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La violencia no se soluciona con más violencia, resalta Moreira, también titular de la Cátedra de Paz, sobre el discurso que los padres deben manejar frente a los menores.

“No hay que fomentar los estigmas, de quién es el malo y quién es el bueno, ya que esto responde a una problemática mayor que es la violencia estructural que tenemos como sociedad y en la que hay la poco atención de las necesidades básicas de los seres humanos”, subraya.

Al respecto, la ONG Aldeas Infantiles SOS en sus redes oficiales recomienda promover la empatía y respeto en cualquier situación. “Traer consciencia acerca de cómo la violencia nunca será la respuesta para solucionar ningún conflicto”.

Una vez transcurrido los hechos violentos, los profesionales hacen énfasis en la necesidad de trabajar en temas de apoyo psicológico para descubrir cómo les ha afectado los sucesos y brindarles el apoyo que sea necesario.

Meditación, ¡claro que sí!

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De acuerdo con Verónica de Ycaza sí es posible retomar las actividades del día a día, ajustándose a un ritmo que no provoque una mayor tensión emocional. Incluso los individuos pueden llegar a considerar el desarrollar nuevos hábitos de ser necesario, siempre con paciencia y decisión.

¿Ha practicado ya la meditación? La terapeuta recomienda implementarla como práctica dentro del hogar.

“La mejor herramienta, en estos tiempos de violencia y en cualquier circunstancia, es meditar, tanto padres como hijos, sin importar la edad”, explica De Ycaza.

“Meditar lleva a saber cómo centrarse en la propia respiración, además nos relaja y limpia tanto el plano mental como emocional”, aconseja. “Es como bañarse por dentro para volver a quedar limpio y fresco interiormente. Esta práctica nos conecta además con nuestro verdadero ser donde no hay miedo ni sufrimiento, sino la confianza en que todo es camino hacia un mayor bien. Meditar fortalece en cuerpo y alma”. (I)