En una célebre historia de Hans Christian Andersen, El traje nuevo del emperador, todos engañan al monarca, unos con mala intención, otros por miedo o por seguir la corriente, diciéndole que viste un traje bellísimo y calzado de primera calidad.

Incluso él se miente a sí mismo, pues aunque siente el frío y la dureza del empedrado, sigue caminando con la cabeza en alto, mientras se pregunta si él es el único que no puede ver las telas que todos dicen que lo cubren.

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Y aunque al principio todos intentan acallar al niño, aduciendo que es todavía muy pequeño y no entiende de protocolo, saben bien que él tiene la razón. Solo que no es conveniente. Por unos tensos segundos, el transgresor en el desfile real es el niño.

'La silla está muy dura, la sopa está muy fría'. ¿Cómo ayudar a los niños a saber expresar una opinión sin ofender? Foto: Shutterstock

“La sinceridad de los niños es algo sano”, dice la pedagoga Marta Ycaza Oehlke, recordando la clásica frase francesa, l’enfant terrible, que describe a una persona precoz, brillante, rebelde y, a menudo, transgresora. ¿Cómo canalizar esa inteligencia? “Lo ideal es hacerles ver que el otro sufre cuando él o ella ofenden. Que desarrollen empatía”.

No está claro que los castigos físicos o verbales o los encierros funcionen con esto. “Cuando los comentarios imprudentes y los castigos se vuelven cíclicos (porque el chico reincide), los padres deberían darse cuenta de que eso no funciona con ese niño. No hay recetas”, recalca Ycaza, “hay personas, y para cada una existen acciones distintas”.

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La educadora nos hace una pregunta adicional, ¿alguna vez el niño ha sentido en carne propia lo que él le hace a otros? Es decir, es avergonzado o burlado por los mayores en los que confía, que por divertir a otros comparten situaciones propias de la edad e incluso que rebasan la intimidad del pequeño. “Pues entonces que el entorno adulto cambie de actitud. El niño está imitando”.

Una espontaneidad que disminuye con la edad

“Cuando nos encontramos frente a un niño que hace comentarios imprudentes o inapropiados, lo primero a considerar es la etapa del desarrollo en la que se encuentra”, indica Karina Bustamante de Huerta, psicóloga clínica infantil y psicoterapeuta racional-emotivo-conductual y cognitivo-conductual.

Ella explica que es bastante común que los niños que se encuentran en la primera infancia repitan palabras, frases o comentarios que escuchan en su entorno. “Algunas veces las repiten sin entender el significado, otras veces repiten palabras inapropiadas, sabiendo que van a obtener una reacción de los adultos que los rodean”.

En esta etapa también hay niños que hacen comentarios o preguntas que podrían considerarse ofensivas para otros, y que pueden estar relacionados con características o condiciones de otras personas. Por ejemplo, preguntar sobre la apariencia, discapacidades físicas o decir abiertamente lo que no les gusta o impresiona. “Los niños en la primera infancia son bastante sinceros y están empezando a desarrollar la habilidad de la empatía”, dice Bustamante, quien es entrenadora certificada de Disciplina Positiva por la Positive Discipline Association. “Es la labor del adulto enseñarla”.

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Por eso corresponde a los adultos ser sumamente cuidadosos cuando hablan delante de los niños, así como estar atentos a las expresiones o posturas. “Tomemos en cuenta que el 90 % de lo que comunicamos lo hacemos por medio de lenguaje no verbal”.

A medida que los niños crecen, esta imprudencia suele disminuir, indica la terapeuta. En caso que no sea así, hay que considerar los factores que están influyendo en el entorno familiar y social del niño, como la forma en que se comunican los adultos o amigos cercanos. Bustamante señala que existen patrones de comunicación inadecuados que es posible que se hayan normalizado en el grupo familiar.

¿Es necesaria la terapia para guiar a un niño que hace comentarios hirientes?

Las observaciones apuntan a ayudar al niño a ser más empático, a trabajar en su forma de ver y conectar con los demás, no a enseñarle a mentir o negar la realidad.

En el cuento original de Andersen, el emperador escucha lo que el niño dice y la gente en la calle repite, y él mismo sabe que tienen razón. Pero con el pensamiento de que “la procesión debe continuar”, sigue caminando, más orgullosamente que antes, mientras sus nobles llevan la cola de un traje que no existe. Para el autor, la única conducta genuina y ejemplar de la historia es la de ese pequeño.

'¡Qué dientes tan grandes tienes!'. Los niños pueden hacer comentarios basados en los aspectos más notorios de la apariencia de alguien sean halagadores o no. Foto: Shutterstock

Educar al niño no consiste en enseñarle a disimular o pretender que no vio u oyó nada, o a castigarlo por un comentario que sonó insensible, sino a educarlo en un trato respetuoso y considerado a las demás personas, sabiendo que tienen sentimientos y emociones que él puede compartir, que pasan por situaciones en las que él podría llegar a estar.

Todos los niños generalmente son sinceros en decir lo que ven y escuchan, corrobora la doctora Silvia Cedeño Bravo, psiquiatra infantil. “Ahora, los chicos dentro del espectro autista dicen lo que piensan sin obviar u omitir”, es decir, sin intención de hacer daño. “Por otro lado, en las conductas negativistas y oposicionistas dicen las cosas con conciencia, para herir”.

Si ocurre esto último, y el niño es muy hiriente o imprudente, el trabajo recomendado es con psicoterapia cognitivo conductual. “Los padres y familiares deben tener tolerancia y recibir también la ayuda de psicología”, dice la especialista.

En este punto la psicóloga Bustamante hace algunas recomendaciones:

  • Preste atención a la manera cómo se comunican los miembros de la familia para reconocer si se deben corregir ciertos patrones de comunicación.
  • Cuide lo que sus hijos ven en internet o en otras plataformas digitales, ya que pueden estar aprendiendo de modelos no favorables.
  • Al escuchar una palabra que considere inapropiada, pregúntele al niño si sabe lo que significa. Si el niño no conoce el significado de lo que dijo, se le debe explicar su significado con palabras acordes a su edad.
  • Hable del impacto que causa en otros escuchar palabras o comentarios indebidos. Pregunte al niño cómo cree que los otros se pueden sentir.

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  • Al escuchar una mala palabra o frase inapropiada por primera vez, no reaccione de manera exagerada, a veces no decir nada funciona, principalmente cuando el niño lo único que desea es llamar la atención.
  • No utilice amenazas como: “Te voy a lavar la boca con agua con jabón” “Te voy a dar en la boca si sigues diciendo eso”, estas estrategias no enseñan respeto, consideración y mucho menos empatía. Lo más probable es que vuelva a repetir estas frases inapropiadas al no encontrarse bajo la supervisión de un adulto.
  • Busque frases o palabras alternativas que desvíen la atención de lo que el niño está diciendo, por ejemplo: ‘¿Qué tal si en lugar de decir… mejor dices…? Suena mucho mejor y divertido’. Conecte con el sentido de humor del niño.
  • Para enseñar empatía, haga preguntas sobre las emociones de los demás, por ejemplo: ¿cómo crees que se habrá sentido tu amiga cuando le quitaron su muñeca? o ¿qué le habrá pasado a esa señora para que se sienta tan triste? (F)