Desde siempre y por varias generaciones, los niños han enfrentado ese temido primer día de clases con los nervios naturales y la expectativa que conlleva ese nuevo paso en sus vidas. Pero ir a las aulas en persona se siente para algunos muy diferente tras la cuarentena derivada de la pandemia de COVID-19. En ciertos niños, provocó ansiedad por separación, además del temor por dejar su lugar seguro de la pandemia.

Según reportan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), la pandemia aumentó el miedo y la preocupación de muchas familias sobre sus finanzas, o tuvieron que sobrellevar el duelo por la pérdida de uno de sus miembros, lo que provocó que la crianza de los hijos fuera más estresante. Además, el mismo aislamiento instauró en los menores una rutina hogareña a la que los más pequeños pretendían aferrarse.

Este 2022 fue, por ejemplo, la primera vez que Rodrigo, de 4 años, iba a una escuela, ya sea presencial o virtualmente. La virtualidad no le llamó nunca la atención; los padres no lograron mantenerlo sentado frente a la computadora, así que solo había recibido nivelación ocasional con una pedagoga a domicilio, y se había sentido bien yendo una vez a la semana a una clase con otros niños en una iglesia. Con eso, los padres estaban confiados en que se desenvolvería bien.

Y sí, Rodrigo fue contento a comprar sus útiles y su uniforme, y les contaba a familiares, amigos y vecinos que estaba por entrar a la escuela. El primer día regresó alegre, saludando como si hubiera vuelto de su graduación. La sorpresa para él fue cuando, al día siguiente, lo despertaron temprano para ponerle nuevamente el uniforme. “¿Otra vez?”, preguntó, ya sin sonreír. Al siguiente día se quejó de que los zapatos le hacían doler los pies y no podía ir. En el primer día de clases se había reído porque algunos niños lloraban en la puerta de la escuela. En los siguientes días, a él le tocó llorar al entender que pasaría allí cinco días a la semana y que su extrema libertad se había terminado. De momento ha intentado negociar con sus padres, preguntándoles si puede quedarse solamente con la “escuela de los domingos”.

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Emiliano, de 5 años, descubrió con gran sorpresa que la escuela no siempre es “por computadora”. “Me gusta la escuela, porque estoy con mi mamá en casa, y cuando apaga la computadora puedo jugar o ver televisión”, comentó para este Diario. “Pero mi mamá dice que esa no es la escuela de verdad, que la escuela está en otro lado y que debo ir. No quiero ir, porque me da mucho miedo. Pero ya empecé las clases y la nueva escuela me gusta mucho”, dijo.

Una vez que pasó del asombro, Emiliano descubrió otros ingredientes de la escuela presencial que le resultaron muy atractivos. “Tiene columpios, resbaladilla y una piscina. Hay muchos niños para jugar. Y, cuando voy a casa, quiero que sea de noche rápido para ir a la escuela otra vez”.

En el caso de Giselle, de 3 años, acostumbrada a usar siempre vestidos, su resistencia fue frente al uniforme de educación física. La combinación de pantalón y blusa deportiva la desconcertó y, peor aún, no entendía por qué tenía que usarla varias veces a la semana. “¡Ponme mi vestidito, mami!”, clamó sin éxito.

Apoyo mutuo para la transición

El regreso a clases en persona fue un desafío para todos los involucrados: padres, alumnos y maestros. Por eso, el trabajo en conjunto para recuperar ese ambiente de aprendizaje y construir una nueva rutina que beneficie a todos y genere confianza es clave.

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Los profesores pueden esforzarse por acompañar de cerca al estudiante en su aprendizaje, es probable que la planificación no se cumpla con la rapidez que esperan.

Algunas sugerencias para poner en práctica:

La familia podría mantenerse tranquila al ir a dejarlo a la escuela, usando una voz calmada, con caras y expresiones relajadas para hacerle saber a su hijo que no lo dejarían si el niño no estuviera seguro y protegido.

Si los niños tienen preguntas que no puede responder, puede decir: “Esa es una muy buena pregunta. No estoy seguro, pero puedo encontrar la respuesta”, y proceder a hacer una lista con sus temores o dudas. Los niños aprecian saber lo que están haciendo sus padres para manejar la situación y también lo que pueden hacer. Trabajar juntos para responder esas preguntas puede ayudarlos a mantener la calma.

Recuerde que esta es una fase: construir nuevas relaciones es una habilidad y, con apoyo, los niños pueden ser resilientes. Incluso si es difícil separarse, obtendrán una nueva relación de confianza con su nuevo maestro y se sentirán más seguros.

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Los maestros deben anticipar cambios de comportamiento en los niños y recordar que el comportamiento siempre quiere comunicar un mensaje. Además, los niños pueden mostrar una amplia gama de sentimientos a lo largo del día y es importante identificarlos y validarlos.

Ofrezca asientos flexibles: puede ser un desafío para los niños pequeños pasar mucho tiempo en un lugar asignado. Los asientos flexibles les dan a elegir lo que les resulta más cómodo y contribuyen en gran medida a que el salón de clases se sienta más acogedor.

Todos esos proyectos y actividades escolares que ha realizado en el pasado no van a suceder de la misma manera este año, sin importar cuánto lo intente como maestro. Es importante reducir un poco sus expectativas y enfocarse en acompañarlos en su aprendizaje.