De un kilo de basura que genera una vivienda promedio en los cantones Otavalo, Antonio Ante, Ibarra, Cotacachi, en la provincia de Imbabura, 400 gramos son residuos orgánicos y el resto son inorgánicos (plástico, madera, papel, textiles y cartón). De los 600 gramos de inorgánicos 200 se pueden aprovechar (porque no tienen ningún tipo de humedad) para la generación de combustible.

Estos residuos se pueden triturar hasta obtener una especie de confeti que luego va a un proceso térmico para convertirlo en un combustible alterno al clínker que se puede usar para la producción de cemento en Ecuador. Al aprovechar estos desechos, que sin ningún tratamiento terminarían en los océanos, y disminuir la dependencia del clínker se reducen las emisiones de CO2.

Empezar a producir este confeti es uno de los objetivos de un acuerdo firmado, a principios de este mes, entre los cuatro municipios imbabureños antes mencionados y la cementera Unacem. Con ese convenio, que también cuenta con el apoyo de la Prefectura de Imbabura, se pretende dar luz verde a un sistema de gestión para el aprovechamiento e industrialización de residuos sólidos urbanos.

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La implementación tomará un tiempo, ya que solo Otavalo y Antonio Ante tienen establecida una clasificación de desechos desde el origen para su recolección. Se necesita que los otros cantones generen una cultura de clasificación. Lo que arrancará ahora son los estudios para definir los montos de las inversiones que deben hacer los municipios y la cementera. Esto tomará seis meses.

En junio de 2022 vamos a tener esta ingeniería de concepto donde se indica qué es lo que deben hacer las partes. Luego se realizan las inversiones y estimamos que en dos años tendremos la conexión de los vertederos con la planta”, indica Diego Moreno, gerente de planta de Unacem.

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La idea, según el ejecutivo, es que todos los cantones repliquen el trabajo que ha realizado el Municipio de Otavalo. En ese cantón la ciudadanía debe clasificar sus desechos en orgánicos e inorgánicos y sacarlos en determinados días para su recolección. Además, dentro del relleno sanitario se han dispuesto espacios para el manejo de residuos peligrosos, pilas y baterías.

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En Otavalo se aplica un sistema de clasificación de residuos desde el 2005. Foto: Alcaldía de Otavalo

El compromiso es que a 2024 se puedan procesar entre 300 y 500 toneladas de residuos aprovechables que generan los cuatro cantones por día, dice Moreno. La localización de la fábrica de Unacem (está en la vía que conecta a las cuatro ciudades) daría la sostenibilidad económica al proyecto: “Al ser un residuo inorgánico, pulverizado, seco y de baja densidad hace que sea muy costoso transportarlo, por lo que no es viable traer desde muy lejos ese residuo porque le imprimo más combustible y CO2 para usarlo”.

Una vez en planta, este residuo reemplazará parte del combustible tradicional de la cementera. Esto también ayudará a la empresa a conseguir el objetivo de ser carbono neutro al 2050.

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Mario Conejo, alcalde de Otavalo, asegura que en su ciudad se empezaron a clasificar los desechos desde el 2005. Los orgánicos se aprovechan para producir abono que sirve para mejorar los suelos.

Hace un tiempo también nos planteamos el aprovechar los desechos inorgánicos. Hace unos tres años Unacem ya nos planteó la posibilidad para traer una máquina y ubicarla en el relleno, pero este proyecto fue madurando y se ha planteado una iniciativa más ambiciosa que abarcaría la provincia, pero empezando con cuatro cantones. Unacem haría la inversión en la infraestructura necesaria. Los municipios empezaremos con la capacitación y educación para que el residuo cumpla con los parámetros adecuados”, afirma.

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Añade que trabajar en el aprovechamiento de los inorgánicos significará para su municipio un “ahorro” importante, ya que la vida útil del relleno sanitario se ampliará y se “generará un ingreso por la venta del material”: “No solo mejoramos la recolección de desechos sino que reducimos la contaminación del suelo y generamos recursos para la municipalidad”.

Para Marcelo Simbaña, gobernador de Imbabura, este convenio es de “vital importancia” para lograr acciones encaminadas con los objetivos de desarrollo sostenible 7, 9, 11, 12, 13 y 17 que persiguen una industrialización sostenible. Califica al proyecto como un “hito” en el país. (I)

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