Aunque sirven tradicionalmente para la venta de combustibles y artículos de primera necesidad, para los viajeros de largas distancias, las estaciones de servicio se convierten también en un oasis y son una oportunidad para que los arquitectos se permitan la libertad de crear y cautivar con nuevas propuestas.

La gasolinera Porto Pi, construida en 1927 por Casto Fernández-Shaw, es considerada una de las obras pioneras del movimiento moderno en España: funcional y sencilla, pero futurista. Su torre lateral (que podía funcionar como altavoz) evoca la construcción naval, mientras que su cubierta de hormigón recuerda al ala de un avión. Por eso, su propio creador la definió en su momento como “arquitectura de ingeniería sin estilo”, con la intención de no encasillarse.

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Ubicada en Vallehermoso, Santa Cruz de Tenerife (España), fue demolida parcialmente en 1977 con la intención de edificar en su solar, pero fue reconstruida en 1996 por Alberto Sanz Hernando.

En Copenhague (Dinamarca) destaca la estación de servicio de Skovshoved, que comenzó a funcionar en 1936 y aún se mantiene en funcionamiento. Diseñada por Arne Jacobsen, el exterior del edificio cautiva por una construcción oval en forma de hongo, que ofrece refugio y sombra en el día y que se ilumina desde abajo por las noches como una señal para los viajeros.

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En 1958, el afamado Frank Lloyd Wright construyó la estación de servicio R. W. Lindholm en Cloquet, Minnesota (Estados Unidos), con la visión de que ese tipo de espacios sirviera como un “catalizador” que ayudara a transformar las comunidades estadounidenses. Un dosel de cobre con volados se extiende sobre las bombas de gas, que Wright pretendía instalarlas como suspendidas del dosel para agregar espacio, pero no le fue permitido por las normas de seguridad locales. El 11 de septiembre de 1985, la estación se agregó al Registro Nacional de Lugares Históricos por su importancia arquitectónica.

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Hoy convertida en un centro cultural, la gasolinera Mies van der Rohe fue construida en 1966 en la isla de las Monjas, Montreal, donde predomina el vidrio y el acero negro en una visión modernista. Se concibió dividida en dos partes: una enfocada en el servicio de automóviles y otra para las ventas.

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En Sudamérica se recuerda la estación YPF de Buenos Aires, construida en 1951 en la esquina de las avenidas Corrientes y Forest (Chacarita).

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