Desde la escuela desarrolló habilidades para la escritura. Le gustaba leer cuentos infantiles y textos poéticos y todo eso la fue fortaleciendo en la escritura. Piedad Villavicencio Bellolio es licenciada en Lengua y Literatura; también, magíster en Docencia y Gerencia en Educación Superior. Es autora de la columna La esquina del idioma, que se publica en EL UNIVERSO y colaboró con este Diario hasta finales del 2015 como auditora de calidad de la Redacción.

¿Cuál es el atractivo principal que le observa a la buena redacción? ¿Cuál es el principal poder y encanto de un texto bien escrito?

Un texto bien escrito cautiva con el contenido y la forma, establece un diálogo entre el autor y el lector. La buena escritura logra que se reflexione en el asunto que se ha desarrollado. Si después de leer un texto no hay respuesta del receptor, simplemente, ese texto no cumplió con su objetivo, tal vez porque tiene ambigüedades, monotonía, falta de claridad, problemas gramaticales, etc.

¿Cómo y cuándo comenzó su columna La esquina del idioma?

Publicidad

Surgió en octubre del 2003 en las reuniones matinales de la mesa de editores de este diario, que en ese entonces las dirigía Rubén Darío Buitrón. Además de La esquina deI idioma, se propusieron otros nombres como El rincón de la lengua, La esquina de la lengua, El barrio idiomático, etc. Se aspiraba a que los lectores accedieran a este espacio educativo de manera fácil y desembarazada como cuando se reúne un grupo de amigos en una esquina a conversar. El objetivo se cumplió, La esquina del idioma tiene mucha acogida entre los lectores del Ecuador y de otros países. También se difunde en el programa Prisma Cultural de radio Huancavilca, que se retransmite en la emisora KCH.

¿Qué tipo de errores o dificultades observa de manera más común entre los alumnos de los cursos que imparte o personas en general?

He notado que muchas personas no están actualizadas, pues aplican normas ortográficas o convencionales antiguas. Suelen defender la teoría de que las mayúsculas no se tildan, tampoco los nombres de pila y los apellidos. Incluso se refieren a algunos grafemas con nombres que se usaban en siglos pasados: a la V, B y R las denominan ve dentilabial (o de vaca), be labial (o de burro) y ere, cuando los nombres respectivos son uve, be y erre. Otra cuestión que preocupa es que no usan todos los signos de puntuación, se limitan solo a aplicar la coma y el punto. También hacen circunloquios y cometen imprecisiones.

Su autor favorito es el clásico Miguel de Cervantes con su obra 'El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha'.

¿Qué tan bien o qué tan mal escribimos o hablamos los guayaquileños?

De manera general no hablamos tan mal, simplemente tenemos jergas o modismos, así como sucede en otras ciudades. El uso de vocablos pintorescos o característicos de cada localidad es lo que permite identificar a los hablantes de las diferentes regiones.

¿Qué palabras de los guayaquileños considera que han quedado en desuso? ¿Hay alguna de ellas que usted extrañe o pondere de manera especial?

Publicidad

Muchas voces de nuestros mayores han desaparecido, otras ni siquiera se conocen. Entre ellas, por cuestiones de espacio, menciono unos pocos ejemplos: güisto o estar güisto (estar chueco, adolorido o torcido), chalaco (pez que hoy se conoce como chame), michulla (molusco similar a la almeja o al mejillón), guardafrío (mueble de madera que servía para conservar los alimentos), impersecuto (persona necia, sin lucidez, impertinente), etc. La palabra que extraño es enganchabobos (ganchitos o rizos que caen por la frente y a los lados de la cara). La uso de vez en cuando con mis nietos, porque me trae recuerdos de mi niñez y a ellos les resulta chistosa.

Para los guayaquileños es fácil reconocer en una conversación a un cuencano, un colombiano, un peruano… pero cuando se trata de autoexaminar nuestro acento, parecería que no tenemos ninguno, que somos neutros, hasta que alguien nos lo hace notar. ¿Cuál diría que es la característica que más nos identifica como guayaquileños al hablar (o escribir)?

No es un denominador común, pero en determinadas situaciones hablamos muy rápido, casi atropellando con las palabras u omitiendo algún sonido en las terminaciones. Esto suele registrarse, sobre todo, en diálogos informales.

¿Qué otras características, quizás más sutiles, también se manifiestan en nuestra manera de comunicarnos?

Somos directos, usamos un solo verbo para solicitar algo: decimos pásame el libro, abre la puerta, saluda a María...

Algo que tampoco falta es el otorgar un significado propio a ciertas palabras: jama (comida), lámpara (algo que sorprende), pana (amigo). ¿Cómo se podría explicar este fenómeno y el hecho de que finalmente termine siendo adoptado (y entendido por algunos ciudadanos)?

La adopción de vocablos extraños se debe al continuo intercambio cultural que hay en esta urbe porteña; también han influido la inmigración, las series televisivas y muchas circunstancias más. Pero este fenómeno es normal en todas las lenguas del mundo, de hecho el idioma debe estar en constante movimiento, como ente vivo que es.

Pese a todos los vicios que podamos tener al hablar, ¿qué señalaría como lo bonito, lo cálido, lo acogedor de nuestro hablar?

Adornamos las palabras con adjetivos, construimos frases pintorescas y decimos con espontaneidad lo que pasa por nuestra mente.

Desde los mensajes ilimitados (SMS) por celular, hasta hoy con WhatsApp y las redes sociales, el idioma usado en los dispositivos también dice mucho de quién está detrás. ¿Cómo han afectado las redes sociales la manera de escribir o hablar?

En las redes sociales prima la rapidez en el intercambio de mensajes, esto hace que muchos usuarios obvien las normas ortográficas y prefieran el uso de acortamientos, el empleo de siglas y combinaciones simplificadas. No es recomendable que esa forma de escritura se traslade a otros contextos, como suele suceder. (F)