Gustavo Moscoso no se inmuta cuando le hacen una pregunta que parece sonarle un poco obvia: ¿cómo este diseñador cuencano, con casi media existencia viviendo en Guayaquil (y en Samborondón), celebra las fiestas de Cuenca (que se recordaron en el presente feriado)? Tal vez es una pregunta que ha tenido que contestar más de una vez. Pero la respuesta no es cómo la anticipamos.

En su taller y tienda ubicada en Plaza Lagos, donde todo grita su nombre, evidentemente desde la vestimenta masculina que diseña, sus fotos, y en especialmente la decoración de inspiración europea que a todas a luces tiene su sello y que cada tanto va renovando (como hemos podido atestiguar en diferentes coberturas en el sitio), Gustavo se sienta calmadamente en uno de sus sillones capitoneados negros de alto espaldar y apariencia aterciopelada y deja ver que en este feriado celebra más bien la vida, a quienes siguen junto con él y por supuesto rinde honor a los que no están, como su padre.

Publicidad

“Creo que el sentimiento principal de las fiestas de Cuenca es el buen recuerdo. Por un lado está mi padre, que siempre se quejó del Día de los Difuntos, él decía que uno debería acordarse de los difuntos todos los días del año. Y resulta que el señor decidió morirse el 2 de noviembre”, explica el diseñador.

Soy consciente de que mi seguridad ha generado inseguridad en otros, es un poder que controlo para que sea una fuerza que se use para bien”, dice Gustavo Moscoso luego de posar para la cámara. Foto: Zaky Monroe

Por otro lado el feriado le trae a la memoria las “farras de antes”. “Salíamos de fiesta en la noche y, en el día, a los restaurantes. Algo que se que se hacía mucho, y que creo que se ha dejado, era salir en los autos por la calle Remigio Crespo y uno daba vueltas como tiovivo desde el redondel de la Solano hasta el redondel de los Tótems. Eso con todos los amigos y los carros con música en las esquinas. Como ha habido un poco más de control en el tema de no tomar en las calles, creo que hoy en día la gente se reúne más en sus casas”.

Por eso es su tradición realizar en su casa familiar, en la capital azuaya, una fiesta con sus parientes y amigos, para volver a esa juventud y esa niñez que añora más que nunca en estos momentos, asegura, de “crisis de la mediana edad” a sus 45 años.

“Pienso que todos los seres humanos en los 40 empezamos a recordar que ya no somos jovencitos, pero que todavía no somos viejos. Lo he hecho constantemente, siempre he estado en una crisis de tiempos, porque siempre estoy queriendo y buscando algo más, pero esta es la oficial”, bromea el creativo, como se ve a sí mismo, más que un diseñador.

Publicidad

Por esa añoranza de tiempos más cándidos y despreocupados, Moscoso y compañía celebran una fiesta temática, dice, y este año es sobre las princesas y príncipes de los cuentos y las películas de hadas. No revela su disfraz, pero nos pide estar pendientes de sus redes sociales si nos gana la curiosidad. “Les puedo decir que será la representación de mi verdadera alma, una bestia”.

Gustavo Moscoso y Rosanna Queirolo, los creativos detrás de la nueva colección de Disney

Y aunque los 45 años de edad no lucen igual que hace 10, 15 o 20 años, y más atrás (solo vean a otros ‘cuarentones y medio’, como Ricky Martin, Tom Hardy, John Krasinski, Chris Pratt, Shakira, Zoe Saldaña, Rachel Mcadams), lo cierto es que tal como lo señala Gustavo Moscoso es un tiempo indicado para poner en una balanza las décadas vividas y enfrentarse con lo mejor y peor de uno para seguir haciendo camino. Su corazón en dos ciudades, su trabajo de más de 20 años, su familia, su influencia en la moda ecuatoriana, los sueños cumplidos, y más, es lo que pone este hijo de Cuenca sobre la mesa para ser pesado en esta entrevista.

¿En el recuento de los momentos de su vida, qué se lleva consigo en su maleta y qué dejaría atrás?

Mi maleta ha sido liviana. Me llevo los recuerdos de todas las personas con las que hemos hecho memorias. El tiempo muchas veces nos lleva a tomar caminos diferentes, por realidades diferentes me llevo los recuerdos y dejo esa intensidad de esa necesidad de tener contactos más cercanos y más constantes, que a veces simplemente no se pueden dar.

Me llevo la esperanza de saber que siempre todo va a estar bien, uno se cuestionaba tantas veces cuál iba a ser el resultado las cosas y finalmente si uno trabaja y hace bien las cosas, estas resultan en algo positivo. Y me llevo los sueños y las ganas de todo lo que tenga que pasar de aquí en adelante, porque lo que sí es realidad es que nos queda menos tiempo.

Gustavo Moscoso, desde su oficina/taller en Plaza Lagos Samborondón. Foto: Zaky Moreno
¿Y siempre fue su sueño ser diseñador? ¿Qué otros sueños tenía?

Alguna vez me preguntaron cuando era chico, yo dije que quería ser domador de caballos, y lo he sido también. Pero es un hobby, no es algo a lo que me he dedicado profesionalmente. Hoy tengo muy en claro que lo que verdaderamente soy es un creativo. Yo soy un creativo, no soy un diseñador de moda porque hago todo diseño ropa, soy arquitecto frustrado. Bueno, no frustrado, no puedo ejercer porque no tengo una carrera, pero pero he hecho cosas de arquitectura, como restauración de antigüedades, de autos, he aportado en obras de arte con vestuario. Hago todo lo que lo que tiene que ver con creatividad y con creación.

¿En qué momento de su vida se dio cuenta que quería dedicarse a esta faceta creativa (diseño de vestuario)?

La moda me encontró y yo me apropié y nos volvimos uno, realmente es algo que lo hago orgánicamente, me sale normal. Esto empezó un jueves 7 de junio del año 2001, que fue el desfile de lanzamiento oficial de mi primera marca. No puedo decir que esto fue algo planificado, no puedo decir que cuando yo era chico decía “quiero ser un diseñador”. Ha sido el resultado de lo que siempre he dicho: es la sorpresa que me ha regalado la vida.

Gustavo Moscoso presentó diseños del NYFW

¿Cuáles han sido esas sorpresas que le ha regalado la vida?

Son tan son tantas y tan constantes, como el haber nacido en la familia que nací ,tener la madre que tengo, las hermanas que tengo, el padre que tuve, el haber encontrado el amor de mi vida, el haberme podido encontrar con esta carrera de la moda, el haberme podido encontrar con la carrera de arquitectura y y aplicarlo y que me guste y que honestamente me salga bien.

Como arquitecto “frustrado”, ¿qué edificio de Guayaquil le gustaría restaurar o remodelar?

Hay varios edificios que me gustan mucho. A mí me gustan los edificios viejos, no necesariamente antiguos. Hay un edificio que me parece que está muy bien localizado y me fascina, es el Fortín. Me encanta la vista que tiene cada uno de los departamentos. La Municipalidad es espectacular. Hay una casa maravillosa en Las Peñas frente al nuevo estudio del artista Toral, una casa blanca maravillosa que la restauraría y la dejaría increíble. A mí me gusta en cuanto a restauración y arquitectura rescatar lo rescatable del pasado, pero en la parte que es nueva dejar una huella del hoy.

Con mi hermana may, que es mi partner in crime en este rubro hemos reconstruido casas que si bien cumplen una necesidad del hoy, están perfectamente diseñadas para cumplir las necesidades de los generaciones venideras. Tenemos que tener claro que nada de lo que tenemos es propio todo es prestado, hasta el cuerpo hay que devolverlo en algún momento.

No todos pueden decir que han cumplido los sueños de su juventud, ¿es su caso?

Creo que he cumplido muchos sueños, algunos propios, algunos apropiados. El gusto y la afición por los caballos y por los autos lo he podido cumplir, el sueño de tener una pareja y tener una familia hecha y construida por nosotros, lo he podido construir. Pero los sueños no son algo que uno simplemente llega y ya está, el sueño es una constante y requiere de tu esfuerzo y de tu trabajo para que perduren. Uno no sueña con ser diseñador y salir en una pasarela o tener éxito, el sueño es quedarse. Uno no sueña con casarse, sino en tener una pareja y una familia y eso toma tiempo y esfuerzo.

¿Qué sueños le faltan por cumplir?

Siempre he dicho que a mí me encanta que la vida me sorprenda y esperaré eternamente a esas lindas sorpresas, oportunidades que en la vida en la vida se dan. Obviamente uno también tiene que ir ahí trabajando y esforzándose para que esos sueños y esas oportunidades lleguen. Pero sí quisiera formar un equipo y una empresa más profesional, que no necesariamente requiera de que yo esté todo el tiempo.

¿Cuál es su fórmula para mantenerse vigente por tantos años?

Creo que la habilidad del cambio. El enfocarme en mi norte y no ver quiénes son los competidores alrededor mío. El ser real, porque lo que vendo y lo que he vendido, y lo que diseño y lo que he hecho, responden a la verdadera persona que soy yo, no a un momento, no a una tendencia, no a lo que la gente quiere ver de mí. He sido muy real a lo que soy.

¿Cuáles son los orígenes de su familia ?

Creo que nadie conoce a la perfección sus orígenes. Por mi familia Moscoso, mi abuelo nació en Ambato y de Ambato se fueron a Quito y después a Salinas y después a Cuenca. Yo nací en Cuencas, pero somos familia de migrantes. Mi madre es chilena. Y el padre de mi madre es neoyorquino, que pasó en Turquía y mi abuela es griega. Entonces soy un pequeño champú.

Rosanna Queirolo, Daniela Baquerizo y Gustavo Moscoso proponen su estilo con Mickey Mouse

Hace 24 años, Gustavo Moscoso cuida a Rohara Reign, el caballo que considera su hijo. Foto: Cortesía
¿Y por qué decidió quedarse en Guayaquil?

Por amor. El primer amor que conocí era de aquí y para que funcione nuestra relación vine acá y aquí es donde hice mi mi negocio. Antes de conocer el amor de pareja, yo tenía muchos amigos en Guayaquil, es una ciudad a la que amo, amo la dinámica de Guayaquil, la gente de Guayaquil me fascina y tengo tantos recuerdos y tantas memorias. Yo venía a Guayaquil desde que tengo 16 años casi todos los fines de semana, entonces hice un gran grupo de amigos acá y aunque con muchos de ellos ya no compartimos todo el tiempo, tengo recuerdos espectaculares.

¿Qué opina si le dicen que usted bien podría ser el hombre más elegante de Ecuador o el mejor vestido?

Les digo gracias por pensar eso. Siempre hablo de que la elegancia trasciende el buen vestir la elegancia no quiere decir vestirse con un terno, es un comportamiento y una actitud. No es solamente que me visto bonito, es cómo me dirijo a la gente, es el respeto que doy, es la forma en la cual me siento a la mesa, es la forma en la cual me comporto al momento de dar mi palabra. La elegancia es una actitud.

Sí pienso que soy una persona que tengo un estilo particular que me ha ayudado a que la gente piense que soy una persona bien vestida y creo que soy asertivo a cómo me visto para honrar al anfitrión o a dónde voy. Creo que eso es algo importante que también a veces la gente no entiende, que uno no se viste solo para uno uno, sino para agradar a la persona a la que voy, a donde me están invitando. Debo ser parte de todo un concepto que está detrás por la persona que me invita.

¿Cómo ha podido mantenerse fiel a su estilo, sin traicionarlo?

Porque no tengo un estilo, no tengo un estilo definido. Soy una persona que hoy estoy vestido de un traje y con zapatos que parecen guante viejo, que me encantan, pero el día de ayer estaba con una camisa desflecada hecha por mí y un pantalón de un sample que estábamos haciendo de una nueva colección. Y antes de ayer estuve de jeans... No tengo un estilo definido y por eso he podido un poco llamar la atención y a su vez ser elegante, también soy uno de los más criticados como cuando me pongo falda escocesa. Y cuando uno lanza algo al universo, como una foto al Instagram, ya no es mía, es de quien me sigue. La opinión de los demás también cuenta, pero no les escucho.

Giancarlo Colón (i) es el compañero de vida de Gustavo Moscoso desde hace 6 años. Foto: Cortesía
¿Solo usa la marca Gustavo Moscoso, o también otras?

Generalmente visto solo de mi marca, pero debo decir que he empezado a traicionarme un poco en los calzoncillos, utilizando Calvin Klein. Hay ciertas cosas con las que he comulgado, como por ejemplo un buen un buen jean Levi’s 501, tengo ciertas piezas vintage que antes de ser diseñador las tenía, como unas camisas Versace.

A mí me encanta el reto de poder hacer todo, entonces mi maletín, mis accesorios, mi cinturón, mis zapatos. Diría que el 90% del tiempo estoy vestido de Gustavo.

¿Y le gustaría ver sus diseños en los políticos ecuatorianos?

No me gustaría, pero lo he visto (risas). La verdad es que a mí me gusta mucho el poder servir a la gente a través de nuestro arte, creo que el poder de servir trasciende el puesto las clases sociales, socioeconómicas, la fama o no fama de esa persona, la verdad es que me gusta, me gusta poder ser parte de esa herramienta que necesita el hombre para sentirse bien todos los días y en parte de su vestimenta.

Siempre hay siempre hay un factor lindo de ver a alguien reconocido en la televisión o en una entrevista vestido de mí. Nosotros hemos recortado todo reportaje, publicidad o gente vestida por nosotros en todos estos 23 años, como Roberto Manrique, Edu Maruri, David Bisbal.

"La elegancia trasciende el buen vestir, es un comportamiento y una actitud", responde Gustavo Moscoso cuando se le pregunta si se considera un hombre elegante. Foto: Zaky Moreno
¿A quién le gustaría vestir que aún no lo haya hecho?

Me encantaría el reto de vestirle a Tom Ford, es un gran diseñador, me encantaba su estilo, siempre me ha encantado el reto de vestir a alguien que admiro.

Y de los que no están vivos, Óscar de la Renta quizá, pero Betty White me hubiera encantado, no sé qué le hubiera hecho a la pobre señora que medía no sé, un metro treinta, es que su personalidad era tan espectacular que que quizás solo por conocerle me hubiera encantado vestirla.

¿Qué le hace falta conseguir tras 23 años de carrera?

Más pasarelas internacionales, aunque hemos hecho París Fashion Week, Nueva York Fashion Week. Más tiendas, siempre tuve la idea de abrir más de tiendas en el mundo, es algo que siempre está pendiente. Estamos trabajando mucho la venta en online, vivimos un momento en el que tener una presencia en el mundo antes necesitabas muchas tiendas hoy en día hay muchas marcas que no tienen ni una sola.

¿Y en lo personal?

Nada. Podría enumerar muchas cosas más que quiero, quizá otro modelo de carro, otra tienda, más éxito, más pasarelas. Que se mueva un poquito más el mercado, que volvamos a tener este mundo más glamoroso en Guayaquil. Me hace falta que vuelvan las revistas, los eventos, las alfombras rojas, desfiles de moda, como para que este mundo, que en parte es un show, vuelva a estar en display. Siento que esa parte el covid nos apagó y decidimos quedarnos apagados.

Pero en lo personal, tengo salud gracias a Dios, tengo familia, tengo una pareja tengo cosas que me tienen feliz, como mis animalitos: 15 perros, 12 caballos, siete patos.

Ha sido muy abierto en mostrar su vida con su pareja, pero muchos no conocemos la historia de cómo se conocieron.

La vida nos cruzó a estas dos almas en este plano. Hoy siento que venimos de caminar largo tiempo juntos y espero en Dios que nos falten muchas vidas más. Nos conocimos en New York y bueno vivimos donde nos caiga la noche, la verdad es que dependemos mucho de nuestros trabajos, entonces estamos en un constante movimiento en estos seis años de relación.

Otra relación suya, que es muy compartida muy pública es su amistad con Olga Doumet. ¿Cómo es su vínculo con ella?

Olga es como una hermana. Nuestro primer acercamiento fue porque nuestros padres eran amigos, después nos encontramos en el mundo de la moda. Hicimos un un proyecto juntos que se llamó Inspirato Corpo, que juntó la moda y el arte, justamente ahora estamos trabajando en una siguiente parte de la edición de ese proyecto. Siempre nos juntamos para hacer algo. Tenemos nuestros tiempos de descanso en los cuales nos separamos, la intensidad de nuestra amistad descansa y luego nos volvemos a juntar con nuevos proyectos. Olga siempre ha estado ahí en mi vida y no la tomo por garantizada. Siempre hemos estado caminando juntos de una u otra forma.

Un hombre tan seguro y confiado de sí mismo como Gustavo Moscoso, ¿a qué le tiene miedo?

Sí creo que soy inseguro de un montón de aspectos en la vida. Cuando era chico tengo ese recuerdo de inseguridad al llegar a una fiesta solo, hoy en día me siento tranquilo. Cuando voy a un evento y me toca ir solo, no tengo ningún problema. Me acuerdo también cuando había partidos de fútbol y habían dos capitanes que tenían que escoger a su equipo, yo era el último en ser escogido.

Por eso creo que la mayor seguridad que uno puede tener es darse cuenta de quién uno es y cómo uno es y aceptarse cómo uno es y eso es lo que lo que se transmite.

La he logrado desarrollar, y si estoy en una sesión de fotos y me toca sacarme los zapatos y resulta ser que mi media tiene un hueco, no voy a esconder mi media, no me voy a sentir mal, sino voy a burlarme de mí mismo. El tomarse con ligereza a uno mismo creo que te ayuda a a tener a tener más seguridad.

Creo que eso se se refleja en las redes sociales, no quiere decir que no tenga momentos difíciles en los que agacho los brazos, porque no me da la fuerza y en redes sociales la gente no ve.

La gente le tiene miedo a las personas que derrochan seguridad, confianza, personalidad, actitud... a otros les podría resultar intimidantes. ¿Usted se considera intimidante?

Yo no me siento así, pero así es como la gente me percibe. Primero vengo de una familia que no podemos mentir, lo notas por la expresión natural de mis ojos. Y porque soy una persona que sí me doy la libertad de expresarme o de sentir lo que tengo que sentir en ese momento, estoy consciente de que mi seguridad es ha sido algo que ha generado muchas veces inseguridad en otras personas, estoy consciente de ese poder que tengo, pero más importante para mí ha sido poder controlarlo para que sea una fuerza que se use para bien, no para hacer sentir mal a una persona.

A veces uno también se convierte en ese espejo que la otra persona no quiere ver. Y en la vida nos hace falta esas personas que a veces te hacen ver lo que tú no quieres ver. (I)