–¿Qué hay de malo en tu vida?

–Justamente eso. Lo tengo todo, pero soy infeliz. No soy la única: a lo largo de todos estos años he convivido o entrevistado a todo tipo de personas: ricas, pobres, poderosas, resignadas. En todos los ojos que se han cruzado con los míos, vi una amargura infinita. Una tristeza que no siempre era aceptada, pero que estaba allí, independientemente de lo que me decían. ¿Me estás escuchando?

–Estoy escuchando... Según tu opinión, ¿nadie es feliz?

Algunas personas parecen felices: simplemente no piensan en el tema. Otras hacen planes: voy a tener un marido, una casa, dos hijos, una casa en el campo. Mientras están ocupadas con eso son como toros en busca de torero: reaccionan instintivamente, siguen adelante sin saber dónde está el objetivo. Consiguen su coche, a veces hasta un Ferrari, creen que el sentido de la vida está en eso y no se hacen jamás la pregunta. Pero a pesar de todo, sus ojos muestran una tristeza que ni ellas mismas saben que llevan en el alma. ¿Tú eres feliz?

–No lo sé.

–No sé si todo el mundo es infeliz. Sé que están siempre ocupados: haciendo horas extras, cuidando a los hijos, al marido, la carrera profesional, el título, qué hacer mañana, qué hay que comprar, qué hay que tener para no sentirse inferior, etc. En fin, pocas personas me dijeron: “Soy infeliz”. La mayoría dice: “Estoy de maravilla, he conseguido todo lo que deseaba”. Entonces les pregunto: “¿Qué lo hace feliz?”. Respuesta: “Tengo todo lo que una persona podría soñar: familia, casa, trabajo, salud”. Pregunto de nuevo: “¿Ya se ha parado a pensar si eso lo es todo en la vida?”. Respuesta: “Sí, eso lo es todo”. Insisto: “Entonces, el sentido de la vida es el trabajo, la familia, los hijos que van a crecer y a dejarlo, la mujer o el marido que se convertirán más en amigos que en verdaderos amantes apasionados. Y el trabajo, que se acabará algún día. ¿Qué va a hacer cuando eso suceda?”.

Respuesta: no hay respuesta. Cambian de tema. (O)

Tomado de ‘El Zahir’ (2005).