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Me encontré con María Luisa Bombal

María Luisa Bombal, hacia 1941.

Gracias a César Chávez, bibliotecario del Centro Cultural Benjamín Carrión de Quito, quien impartió un taller de lectura sobre escritoras latinoamericanas, pude conocer a María Luisa Bombal, narradora chilena de las primeras décadas del siglo XX, de quien leí su novela La amortajada, que se publicó en 1938. En Ecuador, en ese decenio, salieron a la luz varios de los clásicos de la narrativa del país: Los que se van, en 1930, y Huasipungo y Los Sangurimas, en 1934, escritos por hombres. No era habitual que las mujeres incursionaran en la narrativa. Claro está, hay excepciones. Una de las primeras cuentistas ecuatorianas fue Elisa Ayala.

María Luisa Bombal nació en Viña del Mar en 1910 y falleció en 1980. Estudió en Francia y vivió en Argentina y Estados Unidos. Hizo teatro. Fue amiga de Borges, Neruda y García Lorca. Entre sus obras están La última niebla, de 1934; El árbol e islas nuevas, de 1939, y La historia de María Griselda, de 1946. Su novela La amortajada cuenta la historia de una mujer muerta, quien el día de su velatorio, desde el féretro, hace un repaso a su vida, a su historia personal y a los afectos y desafectos que la unieron a cada uno de los deudos que se acercan al ataúd a despedirla: su primer y lejano amor, su esposo, los hijos, la familia toda. Esta novela introduce un elemento fantástico: el de la muerta que puede ver y sentir, y pone en el centro la subjetividad femenina, lo íntimo, el yo de una mujer.

Su estructura me recuerda a la obra teatral QEPD, del ecuatoriano José Martínez Queirolo, que se estrenó en los años 60, décadas después de la obra de Bombal. Mientras en la pieza de Pipo Martínez hay humor e ironía y su narrativa obedece a un tono farsesco, en la de Bombal emerge un deseo sereno e íntimo de balance personal. Leyendo La amortajada evoqué, asimismo, Las memorias póstumas de Brás Cubas, del brasileño Joaquim Machado de Assis, de 1881, en la que el finado narra su vida. La novela de Bombal dialoga así con una obra anterior y otra posterior a ella. Y, por supuesto, también con la narrativa actual.

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