Por casualidad, la semana pasada escuché estas dos frases: “Si no cumplen con los lineamientos de la empresa, les recuerdo que la puerta está abierta” y “si no te gusta el ambiente de tu área, la puerta está abierta”.

Ambas menciones a la puerta fueron realizadas por jefes que trataban -con dudosos resultados- de generar un cambio en la actitud de sus equipos. Lo llamativo es que la citada puerta fue la misma que atravesaron sus colaboradores el día que ingresaron a la organización, probablemente con entusiasmo, ilusiones, ganas de aportar y triunfar.

En una investigación sobre la deserción masiva de colaboradores en Estados Unidos durante el año 2021, el MIT encontró varias causas que influyen a la hora de abandonar una institución. Voy a mencionar las tres que más aplicarían a nuestro entorno.

1. Una “cultura tóxica” que irrespeta a sus colaboradores.

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2. La inseguridad laboral generada por despidos masivos, que además de incertidumbre también recargan de trabajo a los que quedan.

3. Una mala respuesta de la empresa ante los padecimientos por COVID-19.

Si bien es cierto que las plazas de trabajo todavía son limitadas en el Ecuador, estas causas producen que los mejores colaboradores busquen otras culturas donde sus esfuerzos puedan ser mejor valorados.

En el otro extremo encontramos a las empresas exitosas, aquellas que apuestan por el desarrollo del talento y reconocen la importancia de la cultura organizacional para conseguir resultados. En primer lugar, sus líderes demuestran coherencia entre los valores y su comportamiento, transmitiendo confianza a los equipos de trabajo.

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En segundo lugar, buscan el desarrollo lateral, es decir, las personas aprendan diversos temas que no necesariamente apliquen en su trabajo actual, pero las prepara para asumir otros retos en el futuro.

Y, en tercer lugar, hay un enfoque en la medición por resultados y no en el control inflexible del horario, especialmente en el trabajo remoto.

Las empresas, cualquiera sea su tipo o tamaño, además de generar valor y trabajo, son un espacio privilegiado para desarrollar personas y forjar cultura, volviéndose protagonistas de transformación de la sociedad. Por eso, si un colaborador finalmente se decidiera salir por la puerta, ¿qué se llevaría?, ¿tendría una experiencia de desarrollo?, ¿hablaría de los valores que vivió?, ¿sería una salida honrosa?

Si las respuestas no son satisfactorias, habrá que poner en orden la casa y revisar qué ocurre puertas adentro. (O)