Papilio polyxenes, Lycorea ilione, Morpho peleides y Danaus plexippus son nombres que —tal vez— no nos resulten muy familiares. Sin embargo, conocemos muy bien a quienes identifican: mariposas.
Desde la escuela nos enseñan la metamorfosis que sufren estos coloridos insectos, pero este proceso no deja de tener esfuerzo y sacrificio. Primero empiezan por ser una —no tan carismática— oruga que debe pasar por varias mudas, en las que la vieja piel se cuartea y desprende para que el insecto pueda crecer. Luego hay un estado de reconstrucción completa —la crisálida— que define su forma final antes de dar paso a la mariposa. Si leyeron bien, se darán cuenta de que esta no es solo una historia de naturaleza.
En el mundo laboral encontramos personas que inspiran, ya sea porque lograron conquistas o lideran desde puestos importantes. Pero esa posición, al menos lícitamente, no se consiguió de la noche a la mañana. Hubo un proceso en el cual la persona aprendió, creció, tuvo que adaptarse y volver a reconstituirse. Ese camino al éxito estuvo lleno de situaciones de cansancio, desapego, dudas, deudas y frustraciones. La diferencia está en la disciplina que tuvieron aun cuando no había luz en el sendero.
Esta historia también aplica a las empresas. Muchas organizaciones empezaron pequeñas, pero con el esfuerzo —y algunas malas noches— lograron no solo sobrevivir, sino transformarse para continuar con un propósito más desafiante. El éxito tiene su precio, y este se paga con talento, disciplina y desafíos.
Si sientes estancamiento, no sabes qué camino tomar o que el reto te está quedando corto, es probable que estés en la antesala de una metamorfosis. Y hoy, que celebramos el Domingo de Pascua, puedes aprovechar para poner en manos de Dios tu transformación, pues en Él la oscuridad se vuelve luz y la muerte una gloriosa resurrección. ¡Felices Pascuas!










