“Este año seré mejor” es una frase que suele acompañar el inicio de un nuevo período. Pero con el ritmo frenético con el que avanza el mundo, el 2026 no necesita promesas sino decisiones. Por eso, aquí sugiero 5 recordatorios sobre dónde enfocar nuestra voluntad y conciencia.

El primer recordatorio es simple: la curiosidad sigue siendo una ventaja competitiva. En un tiempo en el que la información se genera más rápido que nuestra capacidad de procesarla, quienes se hacen las preguntas claves —no quienes presumen respuestas rápidas— son quienes abren caminos. La curiosidad es como un músculo: se entrena adquiriendo nuevos conocimientos, conversando con quienes piensan diferente y atreviéndose a desaprender.

El segundo recordatorio: la empatía no es opcional. Equipos, clientes y comunidades esperan profesionales capaces de escuchar sin agenda, comprender sin juzgar y actuar con coherencia. La empatía no solo es parte de la estrategia, sino que la vuelve sostenible.

Tercero: la disciplina vence al talento. No se trata de trabajar más horas, sino de hacerlo con propósito. Diseñar rutinas, especificar un tiempo para crecer y aprender a decir “no” son actos de madurez profesional.

Cuarto: la reputación digital forma parte de tu hoja de vida. Lo que publicas, compartes o comentas habla de ti incluso cuando no estás presente. Construir una marca personal coherente —no necesariamente perfecta— es una inversión silenciosa que permite abrir oportunidades.

Quinto, un aspecto que solemos olvidar: el bienestar es un requisito. Nadie puede aportar con claridad ni creatividad desde el agotamiento. Respetar el tiempo personal y familiar es un acto de responsabilidad.

Finalmente, no olvidar la importancia de poner este 2026 en manos de Dios. Que él sea nuestro guía y mentor en esta tarea de ser profesionales que custodien unos entornos laborales con propósito y dignidad. ¡Feliz año nuevo! (O)