Desde hace algunos años, mi hermana decidió dejar de comer carne por estar en contra del maltrato animal, aunque sí incluye en su dieta pescados, mariscos y, de vez en cuando, también pollo. Yo la llamo “vegetariana light“, aunque el término correcto es flexitariana. Estas son personas vegetarianas flexibles: en su casa y en el día a día no consumen carnes; pero, cuando es un evento especial o los invitan a otra casa, comen de todo.

Por otro lado, mi hija que está por cumplir veintiséis años se preocupa del medioambiente, del consumo responsable, de la sostenibilidad del planeta y de tener una vida más saludable; dejó hasta las bebidas alcohólicas y se convirtió en vegana. Ella, como muchos de su generación, sigue las tendencias mundiales y se juntó a los millones de personas alrededor del mundo que han redireccionado su alimentación.

Como está de moda, hace unos días me invitaron a comer a Camellias Tea (Víctor Emilio Estrada 706B y Ficus), un espacio que propone un menú con alimentos para veganos y vegetarianos. Aunque nunca se me ha pasado por la mente cambiar mi alimentación carnívora, tampoco me pierdo la oportunidad de probar platos libres de contenido animal, así que fui en busca de vivir esta experiencia.

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El lugar es informal, sencillo pero acogedor, con mesas para los que llegamos a comer y una pequeña salita en donde se puede disfrutar el té (tiene más de 30 variedades distintas de donde pueden escoger) o alguna de las muchas limonadas creadas por Bachi Buitrón, su propietaria y chef (les recomiendo la de rosas: es deliciosa).

Empecé probando los rainbow spring rolls ($ 7,84). Son elaborados con papel de arroz, rellenos de flores comestibles, vegetales varios, queso de almendras y acompañados de salsa thai. Es un plato bastante generoso: vienen cuatro rollos con mucho sabor y full de texturas. Me agradó bastante. El único detalle es que son un poco difíciles de comer con los palillos o con las manos, porque se desbaratan.

La idea era probar cosas distintas, así que pedí los tacos de jackfruit ($ 10), una fruta (la más grande del mundo) originaria de las selvas del sudeste de India. Tenía una textura y apariencia como de carne, la que, mezclada con frejol negro, rábanos encurtidos, lechuga y una crema de almendras, hicieron un bocado superexótico.

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Luego llegaron los canelones de berenjenas en salsa pomodoro ($ 12). En este caso, la fruta envolvía una combinación de zanahoria, calabacín, tomate deshidratado, nueces y abundante ajonjolí tostado, que agregaba un toque ahumado. Delicioso.

Normalmente no acostumbro acompañar la comida con jugos, pero no pude resistir la tentación de probar la sandía amarilla, fruta que no conocía. Según me comentaron, la traen de la Sierra y no siempre se encuentra. Si les ofrecen, pruébenla: es muy rica y diferente a la que conocemos.

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Fue un agradable encuentro con esa gastronomía distinta, que con el uso de una creatividad impresionante los cocineros logran presentar sabores y texturas que sorprenden por su intensidad y complejidad. Una cosa importante que deben mejorar en Camellias es el tiempo de preparación de los platos: la espera fue larga.