Históricamente, muchos de los directivos que hoy lideran las empresas han tenido una formación tradicional que busca afirmar sus decisiones en las variables del pasado y así poder proyectarse en el presente o futuro. Pero el panorama de este año, con los efectos aún vigentes de la pandemia más la complejidad adicional que traen las elecciones, ha generado un entorno cambiante en el que la formación tradicional ya no responde.

Por eso no es raro encontrar directivos que, acostumbrados a condiciones más favorables del mercado, hoy empiezan a tomar decisiones precipitadas, generando en sus equipos la sensación de desesperación, zozobra e incertidumbre.

Por eso, el entrenamiento de los líderes necesita adecuarse a los tiempos y junto al conocimiento técnico también deberán actualizarse sus competencias humanas. Daniel Goleman, autor de varias publicaciones alrededor de la inteligencia emocional, indica que las habilidades más potentes que deben desarrollar los líderes exitosos son la orientación al logro, la empatía y la influencia.

Por lo tanto, con esta base trataré de resumir algunos de los comportamientos propicios para liderar en entornos de incertidumbre.

  • Líderes que generan oportunidades. Y para esto también se requiere una competencia crucial: el optimismo. No se trata de ver la realidad de forma ilusoria, sino de buscar y conquistar las oportunidades o los ‘océanos azules’ que la nueva realidad puede ofrecer.
  • Líderes que aprenden a relacionarse. Son capaces de establecer puentes entre ellos y su equipo. Las competencias humanas claves aquí son la empatía y el estilo emocional. Un líder con estas competencias ayuda a los demás a descubrir sus talentos, ponerlos en práctica y así promover el desarrollo del equipo.
  • Líderes que generan comunidades. Son líderes que transmiten sus necesidades a los demás, de tal forma que involucran en sus proyectos a las personas que les aportarán desde otras miradas. Esta colaboración genera entornos donde las emociones se validan, las habilidades se comparten y las opiniones son escuchadas. Las competencias humanas claves aquí son influencia y colaboración.

El resultado final deberá ser un directivo que sea capaz de aprender, desaprender y volver a aprender para mantenerse vigente en el siglo XXI. De esto depende que las empresas tengan la flexibilidad suficiente para adaptar sus modelos de negocio a las exigencias actuales o simplemente quedar como un recuerdo en la memoria colectiva de la sociedad. (O)