Llegan solo con lo que tienen puesto y con quienes están a su lado. No tienen casa ni familia en Guayaquil que los acoja, sin embargo el Refugio Espíritu Santo (RESA) se convirtió en su esperanza de salir adelante. Se trata de más de 50 ciudadanos, entre nacionales y extranjeros que llegaron a este refugio, residen allí y que ahora buscan emprender para ganar su propio dinero e independizarse.

Uno de ellos es Jesús Rosendo, un artista venezolano de 29 años. Él comentó que mediante RESA pudo empezar su emprendimiento de camisetas de algodón personalizadas, estas las elabora con pintura acrílica.

En el taller de RESA, él diseña las camisetas que en su mayoría son donadas, las promociona en redes sociales como Instagram y las comercializa en $ 10. Junto con sus compañeros también hacen pinturas en madera reciclada de todo tamaño, decoración personalizada en botellas de vidrio u otras superficies como parte decorativa del hogar.

“Aprendemos a reciclar diversos objetos que sirven para obras de arte. Nos gusta que nos visiten porque nos hacen gasto de nuestros productos y eso necesitamos para poder reactivar los emprendimientos. En mi caso para poder ayudar a mi familia en Venezuela, yo les mando dinero para su comida y sus necesidades básicas”, comentó el joven que llegó a Guayaquil hace dos años.

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Él contó que llegó a Guayaquil solo con mucho temor, pero en RESA encontró a su nueva familia. “No tengo ni a mis padres ni hermanos acá. Yo soy beneficiario interno del refugio y también aprovecho para enseñar a quienes lleguen, deseen aprender y ayudarlos a salir adelante, así como me ayudaron a mí”, comentó.

La ayuda que reciben para que funcione el refugio proviene de algunos sectores como autogestión, donaciones, empresas privadas, personas particulares y gobiernos.

El monseñor Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil y líder del proyecto, indicó que la indigencia es una de las condiciones más complejas de pobreza y es dura de superar, sin embargo con la labor activa de distintas instituciones pueden sacar a estas personas adelante.

“No solo es tener pena o compasión por las personas, sino también ayudar, darles asistencia, socorrerles en la necesidad. Pero a más de eso también hay que darles una formación técnica, una formación administrativa y en valores para que puedan desenvolverse en la vida. Ellos pasan de ser sujetos de beneficencia a sujetos productivos, han recuperado su dignidad de personas, así han podido reinsertarse en sus familias”, dijo con orgullo el monseñor Luis Cabrera.

Es por eso que el pasado miércoles, la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, firmó el convenio en beneficio de personas en situación de calle. Este consiste en que se ampliará la cobertura de atención como en estadía, alimentación, atención psicológica, médica, herramientas y oportunidades de reinserción laboral con la finalidad de bajar el número de personas que deambulan en estado de vulnerabilidad en las calles.

Amalia Gallardo, subgerenta de proyectos especiales de la Empresa Pública de Desarrollo, Acción Social y Educación (DASE) del Municipio, comentó que la ayuda a personas de calle se incrementó a inicios de la pandemia y que se ha asistido de manera constante en todos estos meses porque la población vulnerable también aumentó.

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Acotó que este convenio será doce meses de trabajo continuo y que se prevé beneficiar a más de 300 personas de esta institución.

Asimismo, María Mercedes Jara, coordinadora general del proyecto RESA, sostuvo que los beneficiados ponen lo mejor de sí para aprovechar los talleres como pintura, reciclaje, gasfitería, mecánica, repostería, manualidades, jardinería como la siembra de huertos urbanos, entre otros conocimientos impartidos. “Recordemos que las personas que llegan en condición de calle se sienten rechazadas por la sociedad y cuando salen de RESA ya tienen un camino, una guía para que continúen y puedan salir adelante”, refirió.

Otra de las beneficiadas es Vicky, una venezolana de 19 años que llegó a Guayaquil con sus tres hijas, su esposo y su papá hace un mes de Colombia.

“Nos han recibido, ayudado muchísimo, ahora ya hemos hecho talleres de manualidades, de dulces para poder desenvolvernos nosotros mismos. Ya tenemos cita para arrendar un cuarto para poder independizarnos, también me han dado tarjetas de supermercado para comprar las cosas de las bebés”, aseguró la joven. (I)