Trece días. Carlos esperó trece días para ser operado de una fractura en la pierna derecha, lesionada en un accidente de tránsito en Pedro Carbo (Guayas), el 9 de septiembre. Lo atendieron por emergencia en el hospital de Daule, pero, como requería una cirugía que no hacían en ese centro, lo derivaron el lunes 12 al hospital de Los Ceibos, del IESS. Ahí empezó su “suplicio”, lamenta.

Adolorido e incómodo, en uno de los asientos metálicos de la sala de espera de emergencia y con la pierna apoyada en el piso, el hombre de 45 años esperaba que su nombre apareciera en la pantalla —que indica en qué consultorios serán atendidos los pacientes— o que algún funcionario lo llamara, el miércoles 14. Sí, llevaba tres días en esa misma silla.

En un lapso de cinco horas, asegura, le hicieron los exámenes, radiografías, tomografía. “El doctor me explicó que debían operarme, pero como no hay cama tengo que esperar. Pero ¿hasta cuándo? Ya van tres días y nada. Son dos días sin dormir. El dolor es insoportable y, para colmo, no me han dado ni paracetamol”, critica este afiliado, acompañado por un amigo de trabajo, quien reclama la demora a un funcionario de Derivaciones:

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—Lleva tres días en la sala de espera y aún no lo internan.

—Hay catorce pacientes de traumatología en espera, todos de emergencia. Por falta de espacio físico, estamos esperando que le asignen una clínica.

—Pero ¿debe estar en la sala de espera?

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—Eso no debería suceder pero sucede, no sé por qué. El sistema me dice que el paciente está en hospitalización de emergencia, en observación, a la espera de que una cama se desocupe o se derive.

—No es así, está en una silla.

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—No debería estar ahí. Hay un médico responsable de ese paciente y, cuando le salga la derivación, lo llamarán para que venga con un familiar.

Con esa respuesta, que le fue esquiva durante tres días, y con una receta por comprar, regresó a su casa a descansar hasta el sábado 17: “Ya hay una cama; venga rápido”. Y así fue: ese día esperó en el área de hidratación hasta que el domingo lo subieron a Hospitalización. Ahí la atención “mejoró”, aunque la espera se alargó cinco días más. El 22 de septiembre lo operaron en Los Ceibos, el segundo hospital del IESS más grande de Guayaquil, inaugurado en 2017 y que entre enero y agosto de este año ha atendido a 706.733 pacientes.

La mayoría, el 49 % (343.956), en Hospitalización; el 30 % (209.524), en Consulta Externa; y el 21 % (153.253), en Emergencia, espacio en donde la valoración médica a los usuarios debe darse antes de cuatro horas, según el semáforo de urgencias plasmado en una de sus paredes.

Hay cuatro denuncias por intimidación y amenazas en la Fiscalía, todas en torno a contrato de limpieza en hospital Teodoro Maldonado Carbo

En el caso de Cecilia, quien llegó con presión elevada (170/110), adolorida y con sangrado vaginal, la atendieron en diez minutos hasta ser estabilizada. Pero ese tiempo, en la mayoría de los casos, se alarga cinco, seis horas o más.

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A Evelyn, cuya inflamación de hemorroides le impedía sentarse y caminar con normalidad, le tomó cinco horas y media pasar del triaje a la cita con el médico general.

Y el tiempo se extiende más si el enfermo requiere la valoración de especialistas. La mamá de Antonio, por ejemplo, llevaba más de 17 horas esperando —desde las 20:00 del 13 de septiembre hasta las 13:30 del día siguiente— a que un neurólogo la valorara por el derrame cerebral que la dejó sin hablar ni caminar horas antes de llegar a este centro, cargada en brazos de sus hijos.

El médico (general) la atendió rápido, le envió a hacer una tomografía y nos pidió que esperemos al neurólogo que llegaba a las siete de la mañana (del 14). A esa hora fui y me dijeron que llegó antes (06:30), que ya subió (a pasar visita a sus pacientes internados) y que bajaría enseguida. Pero no bajó

Familiar de paciente.

Antonio asegura que tras reclamar, horas después, otro médico revisó los resultados de los exámenes: “Concluyó que ameritaba su ingreso para que el neurólogo la visite ya cuando esté hospitalizada”. Eso le avisaron a las 13:30.

Lo que ocurre en Emergencia difiere de la atención que reciben los pacientes en Consulta Externa y Hospitalización, de donde Raúl salía alegre —a las 19:00 del 14 de septiembre— para comprar un antibiótico (ceftriaxiona de 1 g) que necesitaba su esposa, tras alumbrar a su tercer hijo.

Estos son algunos de los medicamentos que no había en el hospital Los Ceibos, a mediados de septiembre, y que le pidieron comprar a un paciente traumatológico. Foto: El Universo

Tampoco había cefuroxima, ibuprofeno ni enoxaparina, medicamentos que formaron parte de la receta que Carlos tuvo que comprar el 23 de septiembre, luego de recibir el alta: “Gasté casi $ 70″. Lo más costoso fue —afirma— la enoxaparina, que este hospital compró por ínfimas cuantías entre marzo y junio de este año, según una revisión de este Diario a la contratación del hospital de Los Ceibos de 2020-junio de 2022. En ese lapso, este centro destinó $ 62 millones en medicinas, insumos y reactivos, el 66 % de sus compras ($ 94,2 millones).

Pese a esta inversión y a la ejecución del 72,9 % ($ 98,5 millones) del presupuesto anual de hospital ($ 135,1 millones), que a diferencia del Teodoro Maldonado Carbo fue de apenas el 5 %, Los Ceibos registra en promedio 53 % de abastecimiento de fármacos y 37 % de dispositivos médicos.

Una de las últimas compras la adjudicó este centro en junio: 520.890 pastillas de ibuprofeno, antiinflamatorio que tiene una rotación de 58.050 unidades al mes y que, al 17 de noviembre de 2021, se había agotado. Así lo señala el informe de necesidad de ese fármaco, firmado por el coordinador de Farmacia (Fausto Gómez) el 1 de febrero, día en que se inició el primero de los al menos 55 pasos que comprende el proceso de contratación. En este caso tomó cuatro meses, pero hay adquisiciones que superan los siete meses.

“La burocracia hace que los procesos se presten para situaciones irregulares”, considera un médico del IESS, institución criticada por los afiliados y asociaciones de pacientes por el servicio de salud y la constante escasez de medicinas y, además, cuestionada e investigada por presuntos actos de corrupción que involucran hasta a sus autoridades. Entre ellas está la exgerenta del hospital de Los Ceibos Susana Mera, quien se encuentra con arresto domiciliario y grillete electrónico por procesos de peculado y delincuencia organizada que se siguen en contra de ella y otros funcionarios y proveedores, en casos ligados a compras con sobreprecio durante la pandemia, en 2020, año en que este hospital fue designado ‘centinela’ para atender esas afecciones.

Hasta febrero, según un proceso de compra, la Consulta Externa de Especialidades operaba al 50 % de su capacidad. Mientras que Hospitalización, con sus 436 camas, está al 100 %. “Aquí la atención es mejor. En Emergencia es el problema: algo básico como una silla de ruedas no hay”, critica Ricardo, a quien un familiar le prestó una para movilizarse y aguardar los días hasta su cirugía de tobillo. (I)