El 2025 será recordado en la industria del espectáculo ecuatoriano por un dato que antes parecía aspiracional: tres noches completamente agotadas de un artista global en Quito. Más que cifras de asistencia, el paso de la cantante colombiana Shakira por la capital ecuatoriana expuso una realidad que venía cocinándose desde varios años atrás: la ciudad dejó de ser una incógnita para convertirse –y afianzarse– en una plaza que ya se evalúa con métricas, no con conjeturas.













