Dentro de las memorias de la gastronomía ecuatoriana, Dos Hemisferios debe ocupar un sitial especial. Es una empresa que se atrevió a desafiar los cánones establecidos, incluso a la naturaleza. ¿Hacer vino en el trópico? Impensable. Los primeros vinos de Dos Hemisferios que probé, hace probablemente 15 años ya, fueron Bruma, Enigma y Paradoja. Recuerdo haber notado en el primero algunos defectos, algo astringente y con falta de balance en su acidez, estando el Paradoja mucho más evolucionado. Pero aun así en se momento eran mejores que algunos vinos del Cono Sur que estaban en nuestros mercados.

Gourman: Portela

Llámase paradoja a una idea extraña u opuesta a lo que se considera la opinión comúnmente aceptada, pudiendo ser una contradicción lógica, cuyo contenido resulta ser verdadero. Claro, un nombre atrevido, para un proyecto atrevido.

Pocos años después volví a probarlos, en el momento en que sacaban su cuarta etiqueta al mercado, Travesía. Gran cambio. En pocos años habían mejorado grandemente. El Bruma estaba mucho más balanceado, el enigma era a mi juicio lo mejor del portafolio y la adición hecha, Travesía, con la cepa Sangiovese, debutaba con un especiado, potente.

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Hoy, todos los vinos nombrados están en un muy buen nivel, habiendo hecho la bodega una mejora sustancial debido a un trabajo concienzudo tanto en campo como en el proceso de crianza. Ha incrementado su portafolio a más de 20 etiquetas, y casi todas pudieran competir en buena lid con sus similares latinoamericanos. Hay dos de esas etiquetas que se destacan: Tomás Carlos y Almirante, los dos con gran equilibrio. El primero con notas de almendras, frutos secos, redondo. El segundo con más presencia de vainilla y frutos rojos maduros. Excelentes vinos. Dos Hemisferios, como dice su eslogan, es un viñedo que hizo posible lo imposible, hacer buen vino en el trópico, al pie del mar. Su próxima etiqueta bien podría llamarse Paradigma, puesto que los ha roto.

Abriendo hace poco su segundo local en Urdesa, los visitamos en la planta baja del edificio Living Lab, en Las Monjas 316. Se los recomiendo. Un lugar acogedor, con ambiente, donde por precios muy razonables puede disfrutar de este portafolio de vinos y otras bebidas, con un excelente menú de piqueos, y unos pocos platos fuertes. El wantán, en masa muy delicada, relleno de seco de pollo, es fantástico. Recomiendo también el tartar de atún, emulsión de aguacate y alioli de sal prieta. El lomo asado con meloso al vino tinto, y el pescado a la plancha con salsa de encocado y reducción de vino blanco.

Este sitio es para ir con amigos, picar y disfrutar de un buen vino ecuatoriano, y aprender lo que el esfuerzo, tesón y la pasión, pueden logar. (O)