Es indudable que Verde 70 (@verde70oficial) es una de las bandas más emblemáticas de rock en nuestro país. Una trayectoria de más de veinticinco años avala ese hecho; sin embargo, desde hace ya algún tiempo, los “verdes” han coqueteado con otros sonidos y han buscado una reinvención que los mantenga frescos no necesariamente por cosechar más seguidores, sino por la experimentación inevitable que viene de la mano de la música y el arte.
Publicado a finales de abril, su nuevo álbum Fulgor es una bocanada de aire fresco para el rock tradicional y lo fusiona con sonidos del pop e incluso con ciertos ritmos tradicionales del Ecuador.
Parte de este cambio se da por la inclusión de Lisa María Barragán como miembro oficial de la agrupación. Fue corista durante varios años, pero ahora compone e interpreta canciones con un rol protagónico. Además, los sintetizadores de Diego Saá dan un nuevo rumbo a las estridentes guitarras de César Galarza y a la base rítmica de Bastián Napolitano. Incluso la clásica voz de Darío Castro ha llegado a nuevos matices luego de la exploración sonora.
La producción estuvo a cargo de Didi Gutman y el propio Darío, quienes también comprendieron que estaban afrontando un reto distinto a lo usual. El Verde 70 de éxitos como En la inmensidad e Irremediablemente tarde fue sin duda una gran etapa, pero los capitalinos, pese a que les ha tomado muchos años, ahora han abordado la ruta del cambio, y esto es algo que también puede percibirse en letras un poco más profundas y poéticas.
Desde el punto de vista del crítico, Fulgor demuestra que nunca es tarde para un cambio ni para romper estereotipos. Por el contrario, admira la valentía de un grupo de artistas que, aunque tiene fanes garantizados gracias a su largo camino, ha decidido tomar otra vía y ver cuál puede ser su nuevo destino. (O)