En el centro comercial Alhambra se encuentra Ichigo, restaurante con cocina fusión, peruano-japonesa, con muchos platos nikkéi, que tienen también influencias mediterráneas.
Es un restaurante con la cocina que Perú puso de moda en el mundo y que en los últimos veinte años ha seguido fusionándose, muchas veces y en algunos sitios sin coherencia alguna, siendo más cocina de confusión que de fusión; y en otros, de forma muy coherente, logrando combinaciones de sabores extraordinarios.
En este tipo de cocina, además de la calidad de la materia prima y otros elementos obvios que conforman la calidad de un plato, la coherencia en la combinación de elementos y técnicas es clave.
Tiene una carta con muchos cócteles de autor, que sonaban interesantes; pero, por $ 17, pasamos. Tampoco recomiendo un whisky para el comienzo o el fin de la comida, puesto que una botella de Buchanan’s de $ 45 (precio de compra mayorista) está en $ 160, y una de Macalan Quest de $ 120, en $ 450. No justifico márgenes de 300 % y 400 % en licor. Así que nos fuimos directo al vino, habiendo una carta con precios razonables.
De entrada pedimos unos niguiris de pato con holandesa de fuagrás, a $ 14 los dos bocados, casi el mismo precio que los niguiris de Sushi of Gary, restaurante japonés en Nueva York, premiado por varias guías gastronómicas. El plato estuvo muy bien logrado. El término en su punto y la carne muy bien trabajada.
El marrow tartar llamó nuestra atención. Tuétano en hueso, rostizado con cortes finos de lomo marinado, acompañado de taro crocante. Me parece que el tuétano debía ser el centro del plato. Con las especias y la carne marinada se perdía un tanto su presencia, y la emulsión de aguacate que lo acompañaba no le aportaba nada. Los chips que lo acompañaban no estaban lo crocantes que esperábamos.
Finalmente vino un umami verde. Así es nombrado un corte de salmón con costra de pistacho y ñoquis en salsa encocada oriental. Un excelente corte, alto, en término perfecto, según lo ordenado: medio. La costra no era realmente costra, sino más bien un crumble coronando el pescado, que se desmoronaba fácilmente. La salsa de coco, con miel, soya y togarashi. Este último no lo sentimos. Había un muy lejano recuerdo a coco y mucha presencia de miel. Los ñoquis en una cocción un poco previo al dente, con una emulsión de aguacate similar a la del tuétano, que no entendimos.
Ichigo tiene una carta extensa, que vale la pena seguir probando. El sitio tiene un ambiente muy agradable, con la música, iluminación y mobiliario acertados
Calidad: 3,5/5
Servicio: 3,5/5
Ambiente: 4/5
Relación precio-calidad: 3/5
Precio: $$$
(O)