Hace once años hice probar el Vino de Dos hemisferios a un amigo europeo, experto en la materia, cuya actividad empresarial era justamente esa. Inicialmente, fue escéptico de que en Ecuador se pudiera hacer un buen vino, pareciéndole casi una paradoja. Para su sorpresa, fue placentera la experiencia. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde aquel entonces y hoy, Guillermo Wright, promotor del proyecto, podría darse el gusto de decir que ha hecho lo que parecía imposible, hacer buen vino en el trópico, en la mitad del mundo.