Barcelona y Liga de Quito, con el transcurrir de los años, han construido un duelo de instituciones con pasado y presente. El equipo capitalino ha tenido épocas estelares, como cuando en 1974 su subida desde la segunda división (en 1973 bajó a esa categoría porque ese año se suspendió la disputa de la serie B) coincidió con el ingreso a la dirigencia de Rodrigo Paz y de Raúl Vaca y de la mano del técnico colombiano Leonel Montoya no solo logró el ascenso a la serie A. También ganó en 1974 el título nacional y en 1975 su primer bicampeonato. Estos eventos impulsaron a que su afición se incremente. Pero además los convencía el fútbol atildado que mostraba el equipo albo, tanto así que lo bautizaron la Bordadora.

Y ni hablar de la época más significativa, cuando obtuvo la Copa Libertadores 2008, luego fue subcampeón en el Mundial de Clubes y en el 2009 monarca de la Sudamericana y en el mismo año de Recopa, que también ganó en el 2010; selló esa temporada con el campeonato nacional, al ganarle a Emelec las finales. Fue una época muy distinguida por tantos éxitos que llegaron en corto tiempo. Aquello, sin lugar a dudas, le otorga la condición de ser el club ecuatoriano con más logros internacionales.

Los encuentros de Liga (Q) vs. Barcelona siempre implicaron una rivalidad especial. Liga, impulsada por sus logros, apreció que sus aficionados aumentaran exponencialmente. Pero el Ídolo del Astillero continuaba mostrando seguidores enraizados en todas las latitudes de nuestro país. Ha demostrado que la época posromántica convalidó todo lo que significó la consolidación de una hinchada que buscaba una identidad con su clase. Desde esos tiempos, en los que se forjó la idolatría, Barcelona ha constituido el equipo más popular del país, que nació para ser grande siempre.

El duelo de Barcelona y Liga de quito tiene un rico historial.

El fenómeno de Barcelona es tal que sus rivales redoblan esfuerzos para derrotarlo con el fin de jerarquizar sus historias. Además, jugar contra el Ídolo es una fuente de ingresos económicos importante. Existió una era amarilla que no fue exitosa, cuando utilizando su especialidad en marketing Eduardo Maruri, en el 2008, privilegió la idea de convertir al club en una marca sobre todas las cosas y desde su imaginario promovió el partido contra Liga (Q) como ‘clásico nacional’, algo que fue rechazado por propios y extraños. Le costó mucho esfuerzo a Maruri archivar esa idea y aclarar que el único clásico que existe es el que se disputa con su hermano de barrio, Emelec.

Pero la idea germinó. Fue un caldo de cultivo para aquellos interesados en convertir al partido entre toreros y azucenas en el clásico de nuestro balompié. A todos aquellos que no desmayan en ese afán, es importante recordarles que los clásicos en el fútbol son aquellos que engloban varios factores indispensables para ser considerados como tales. Por ejemplo, la tradición, la rivalidad, la idiosincrasia, el sentimiento de pertenencia y por supuesto la historia. La magia propia de los clásicos no se la inventa de un día para otro ni se la vende en cualquier botica como pastilla para la desmemoria. No existe en la historia de los clásicos en el mundo alguno que haya sido creado por la mercadotecnia ni como producto de investigaciones de los hábitos del consumidor.

La magia que poseen los clásicos tienen explicaciones lógicas y naturales. Estos juegos llegan a ese nivel con símbolos que son el ADN de cada aficionado, identificado por una querencia, y que rivaliza con otro para hacer respetar esos sentimientos y la historia. En Ecuador solo el Barcelona y Emelec muestra esos factores catárticos para que sus hinchas alcancen en los enfrentamientos la purificación de sus pasiones. A quien no quiera entender que el del Astillero es el partido clásico del Ecuador se les recuerda que la FIFA reconoce los clásicos de cada país a nivel mundial y ubica a Barcelona y Emelec como tal en Ecuador. Igual lo hace la revista inglesa Four Four Two, que publicó en la lista de los clásicos más importantes del mundo y en el puesto 34 ubica al Clásico del Astillero.

No hay dudas de que el duelo de Barcelona y Liga tiene un rico historial. Es probable que el primer partido entre ambos haya sido en 1931, cuando los canarios viajaron a Quito en una gira por medir a equipos de esa ciudad. Uno de ellos era LDU, fundado como club profesional en 1930, aunque muchos mencionan que como equipo aficionado existía bajo el amparo de la Universidad Central desde 1918 bajo el nombre de Club Universitario.

No hay que incitar rivalidades propias de la aversión.

En los campeonatos nacionales los primeros juegos se dieron en 1960. Barcelona y Liga jugaron dos partidos; en Guayaquil ganó el local 4-0 y el segundo fue empate a 0 en la capital. Es importante recalcar que a través de los años no solo el fútbol y otras disciplinas deportivas, tanto en selecciones como clubes de equipos de Pichincha y Guayas, sufrieron el peso del regionalismo, fomentado por intereses políticos, asuntos étnicos, desequilibrio económico y la exacerbación regional. El fútbol sufrió las consecuencias y hoy tal vez hay menos rigor, aunque lamentablemente cada cierto tiempo reaparece en escena.

El exhibicionismo propio del entorno que produce el partido suele adueñarse de las noticias y los espacios de opinión. Hoy toma nuevamente vigencia el tema del invicto de Liga en su estadio, ante Barcelona. Hace pocos días Esteban Paz afirmó: “No perdimos la final con Barcelona; perdimos por penales, que es distinto a perder el partido. Paz está en su derecho de pensar aquello, pero para los aficionados toreros no es lo más relevante porque entienden que en buena lid ganaron el duelo definitorio en el 2020. Ese triunfo en Casa Blanca les permitió ganar la estrella 16, pero al margen de esa estéril discusión, hoy el seguidor del ídolo disfruta por el arranque perfecto de su equipo: primeros en la tabla, invicto y con gran contenido futbolístico en estas cuatro fechas del torneo. Además, reconoce que el rival es complicado en su cancha, aunque su imagen futbolística no sea hoy la mejor.

El hincha barcelonista está más interesado en saber cómo planteará Fabián Bustos, si la defensa mantendrá su solidez, si Díaz seguirá jugando con la brillantez que ha mostrado en el 2021 o cuánto afectar al equipo el contagio por COVID-19. No pierde tiempo en discutir si hay o no aún el invicto de Liga como anfitrión.

Domingo Sarmiento, estadista argentino, a finales del siglo XIX dijo: “Escribir es como vivir. Siempre debe servir para regenerar porque esa es la principal obligación de quienes perciben las necesidades de las épocas”. Tomando esa reflexión y adaptándola a la idiosincrasia de nuestro fútbol, es mejor no distraer lo más hermoso que tiene un partido y todas aquellas sensaciones que transmite a sus seguidores, que perder tiempo en incitar rivalidades propias de la aversión. Esa no debe ser tarea primordial de la época. Barcelona vs. Liga es un enfrentamiento infinito para ser respetado y admirado ayer, hoy y siempre, pero desde el balcón virtuoso que ofrece el fútbol. (O)