Sus cuernos y la estructura de su cuerpo atraen a los niños japoneses que con obsesión buscan un escarabajo como mascota. Incluso, en países asiáticos como Japón y Taiwán, los usan para librar peleas clandestinas en las que se apuestan altas sumas de dinero y en las que estos invertebrados se hacen daño entre sí con sus cuernos.
Desde hace años, la Policía Ambiental y los entomólogos (estudiosos de los insectos) ecuatorianos tienen pruebas de que el país se ha convertido en una fuente de abastecimiento para investigadores, museos, comerciantes y coleccionistas de las especies de escarabajos.
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Los que pertenecen a la subfamilia Dynastes hércules y Lichyi son los más apetecidos porque sus cuernos tienen forma de ganchos. Los Dynastinae oryctini tienen, en cambio, cuernos frontales cuya forma se parece a los del rinoceronte, solo que en el caso de estos escarabajos son del tamaño de una mano humana.
El entomólogo Santiago Villamarín, uno de los autores del libro Los escarabajos en el Ecuador, cuenta que uno de los últimos casos registrados en el país fue en el 2008 cuando la Policía de Medio Ambiente detuvo en el aeropuerto Mariscal Sucre de Quito a un ciudadano japonés que llevaba 460 Dynastes hércules entre su equipaje.
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“La detención se produjo porque el individuo estaba en actitud sospechosa, mas no porque los perros de Antinarcóticos estaban entrenados para identificar esto o porque la Policía lo detectó”, recuerda el entomólogo.
El extranjero viajó sin sus maletas. No fue retenido a pesar de que existen leyes como el Código de Procedimiento Penal, que establece en el artículo 43 numeral f que “quien cace, capture, recolecte, extraiga o comercialice especies de flora o fauna que estén legalmente protegidas (...) será reprimido con prisión de uno a tres años”. Esos escarabajos fueron transportados al Museo de Ciencias Naturales y allí se constataron las condiciones en las que fueron empacados para el viaje.
“Estaban envueltos en mica gruesa inmóviles, sin alimentación, en los alrededores de la maleta colocaron refrigerantes para que soporten el viaje de doce y catorce horas al país asiático”, asegura Villamarín.
Estos escarabajos estuvieron en cuarentena, y tenían un alto nivel de estrés. Incluso, al menos 50 de ellos murieron. Los que sobrevivieron fueron reinsertados en el bosque.
Los escarabajos en el país se comercializan entre $ 10 y $ 25. Aunque en el mercado internacional pueden costar entre $ 60 y $ 500. El valor depende del tamaño. “Mientras más grande mejor”, dice Villamarín.
A pesar de que son fáciles de criar, los traficantes prefieren pagar altas sumas de dinero a campesinos o colonos por cada escarabajo capturado, lo que implica que estos invertebrados sean extraídos de sus ecosistemas naturales.
En promedio, cada hembra puede poner 60 huevos diarios, lo que hace que esta colecta de escarabajos se convierta en un negocio lucrativo.
Con ello se genera un tráfico y comercio ilícito de estos invertebrados. En el libro Escarabajos del Ecuador se afirma que en esta práctica “se falsificaron documentos oficiales, se sobornó a las autoridades, se evadieron impuestos, se hicieron declaraciones aduaneras fraudulentas y un sinfín de procedimientos para conseguir especímenes raros o singulares de escarabajos”.
Los tres investigadores y autores del libro en mención, Vladimir Carvajal, Santiago Villamarín y Ana María Ortega, del Instituto de Ciencias Biológicas de la Escuela Politécnica Nacional, analizaron los escarabajos durante doce años.
La intención fue describir su taxonomía, historia natural, hábitat, métodos de captura y en algunos casos los usos que las personas les han dado.
Un acápite especial de la investigación la destinan a definir el estatus que tienen los escarabajos con los que se definieron cinco categorías de tráfico: No traficado, poco traficado, traficado, muy traficado y sin datos suficientes.
Esto tomando en cuenta que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites) no contemplan en sus listados de protección especies de invertebrados ecuatorianos, menos aun de escarabajos.
Sobre el problema del tráfico, los autores coinciden en que no debe tratarse desde un punto de vista prohibicionista. Más bien se debe procurar generar alternativas económicas en torno a estos invertebrados.
El libro publicado en octubre del 2011 comprende el análisis de 908 especies y 36 subespecies y variedades que pertenecen a 212 géneros, según Carvajal, uno de sus autores.