En Ecuador al menos 312 especies de aves, entre residentes y migratorias, se encuentran en categorías de riesgo o casi amenaza, según la Lista Roja de las Aves del Ecuador. La mayor concentración se registra en los Andes y la Costa, regiones donde la pérdida de hábitat ha sido más intensa.
En ese marco, el Día Mundial de las Aves Migratorias, que se conmemora el 9 de mayo, alerta sobre la necesidad de proteger los ecosistemas de los que dependen estas especies para completar sus rutas.
Cada año, miles de aves migratorias cruzan el país como parte de rutas que conectan América del Norte y del Sur. En ese recorrido dependen de humedales, bosques y zonas costeras que funcionan como puntos de descanso y alimentación.
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“Las aves migratorias realizan desplazamientos periódicos entre diferentes regiones del mundo. Normalmente migran para buscar mejores condiciones de alimento, clima o reproducción”, explica César Garzón, ornitólogo investigador del Instituto Nacional de Biodiversidad.
Su ciclo de vida implica una alta dependencia de varios territorios, y “si uno falla, todo el ciclo se ve afectado”. A esto se suma la exigencia física de los desplazamientos y la exposición a factores como tormentas, depredadores o falta de alimento.
En Ecuador, la situación de estas especies no es uniforme, pero la evidencia muestra tres tendencias simultáneas: disminución en algunas poblaciones, cambios en sus rutas o comportamientos y estabilidad en otras.
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Las principales amenazas
La pérdida y degradación de hábitats es el factor más determinante. “La amenaza que hoy tiene el impacto más directo en la disminución de aves migratorias es la pérdida y degradación de hábitats”, afirma Garzón.
La desaparición de humedales, bosques y zonas costeras tiene efectos directos en su supervivencia, ya que “elimina los lugares donde se alimentan, descansan o se refugian, reduce drásticamente la disponibilidad de alimento y aumenta la mortalidad durante la migración”.
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El cambio climático también altera sus ciclos. “Muchas especies llegan demasiado temprano o demasiado tarde” y los recursos alimentarios no siempre coinciden con su llegada, explica el investigador.
Otras amenazas están vinculadas a actividades humanas. Garzón señala que “las luces urbanas desorientan a las aves y provocan colisiones con edificios”, mientras que el uso de pesticidas reduce su alimento y puede causar intoxicación.
Impactos en los ecosistemas
Las alteraciones en sus ciclos afectan el equilibrio entre migración, reproducción y disponibilidad de alimento. “Las aves no encuentran alimento cuando lo necesitan, la reproducción falla, aumenta la mortalidad y las poblaciones disminuyen con el tiempo”, indica.
El impacto trasciende a las propias especies. Muchas aves migratorias son insectívoras y ayudan a regular poblaciones de insectos en bosques, cultivos y humedales. También dispersan semillas y contribuyen a la regeneración de los bosques, además de formar parte de la cadena alimenticia.
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“La disminución de aves migratorias desajusta la cadena alimenticia en los lugares donde llegan”, añade Garzón.
Especies en peligro
La evaluación más reciente de la Lista Roja de las Aves del Ecuador (2019) identificó especies en todas las categorías de amenaza, incluidas en peligro crítico, en peligro y vulnerable, así como casos de especies posiblemente extintas a nivel nacional.
En total, 312 especies se ubican en categorías de riesgo o casi amenaza. De ellas, 144 se distribuyen en la región andina, 137 en la Costa y 53 en la Amazonía. Además, 142 habitan en bosques húmedos, uno de los ecosistemas más afectados por la pérdida de cobertura vegetal.
Entre las especies afectadas se encuentra el albatros de Galápagos (Phoebastria irrorata), considerado en peligro en Ecuador, así como aves playeras migratorias como el playero semipalmeado (Calidris pusilla) y el chorlo semipalmeado (Charadrius semipalmatus), que dependen de humedales y zonas costeras para alimentarse y descansar durante sus trayectos.
La degradación de sus ecosistemas reduce la disponibilidad de alimento y aumenta la mortalidad durante la migración.
Monitoreo y falta de información
Uno de los principales obstáculos para entender la situación de las aves migratorias en el país es la falta de seguimiento. “Actualmente, en Ecuador no hay una sola respuesta simple, debido a la falta de información por la ausencia de monitoreos biológicos”, advierte Garzón.
El especialista señala que sin herramientas como el anillamiento, el seguimiento satelital o los conteos periódicos es difícil identificar tendencias y anticipar riesgos.
También plantea medidas prioritarias para reducir la presión sobre estas especies: blindar legalmente humedales, manglares, bosques andinos, páramos y zonas costeras clave; mantener la conectividad entre los puntos de las rutas migratorias; y reducir las presiones en paisajes productivos mediante menor uso de pesticidas y el fomento del control biológico. (I)





