Los hombres que llegaron a Abya Yala admiraron las grandes expresiones culturales de algunos de los pueblos originarios; pero inocularon en el alma de estos pueblos su convicción de que lo europeo era lo máximo de lo humano, también para oprimirlos. La herida más grande de nosotros ecuatorianos es el menosprecio, aún generalizado, de nuestra identidad. Mientras más sangre india tenemos, más la queremos ocultar. Este es, a mi entender, el telón de fondo de la presentación teatral del juzgamiento indígena en La Cocha.

Ecuador –como otros países– está formado por pueblos diversos en razas y en cultura, entendida cultura como concepción de Dios, del hombre y del mundo.

¿Qué unidad reclamamos?

1) Unos quieren una unidad, que sea aceptación por parte de los otros de “mi” cultura; lo que implica absorción y opresión de esos otros. Cuando había uniformidad de leyes, algunos abogados y jueces fomentaban entre los indígenas conflictos, para tener “trabajo”. Los “delincuentes” salían de prisión con una rapidez proporcionalmente inversa a la cantidad de la “multa”, que pagaban a los mestizos. La unidad entendida como uniformidad ha convenido a los mestizos durante siglos. La independencia política de Ecuador poco o nada benefició a los indígenas.

2) Otros, los que queremos la unidad como integración de valores y purificación mutua de defectos, hemos fomentado la unidad en la diversidad: – con la alfabetización, – con el uso de lenguas indígenas, – con la reforma agraria que los obispos comenzaron un año antes de la ley dictada por un gobierno militar; reforma que el gobierno posterior saboteó, negando asistencia técnica y financiamiento, – con el apoyo al voto de los analfabetos, para que, por ese voto, los indígenas sean tomados en cuenta por políticos.

Los indígenas han dado largos pasos hacia la unidad en la diversidad. Han tropezado, en la ingenuidad y también en la vanidad y se han dejado usar por políticos, que –les dan o niegan empleos y regalos– los alaban o los insultan, según su conveniencia.

Sobre todo se han debilitado, tropezando en la división, promovida por algunos gobernantes. Como los colonizadores que, para dominarlos, agudizaron divisiones, gobernantes republicanos racistas fomentan la división de los descendientes de los pueblos originarios y el menosprecio de sí mismos, para poder usarlos como peones en su tablero de ajedrez.

Porque el significado de plurinacionalidad y de pluriculturalidad en la gorda Constitución es impreciso, queda una puerta abierta al reclamo mestizo de uniformidad. La cultura mestiza tortura, tortura ocultamente, encierra en antros de corrupción, pierde a la persona del malhechor; eso sí, respetando el “debido proceso”. La cultura indígena no oculta sus “brutalidades”, busca corregir y reintegrar. La pena de muerte es una deformación de esa cultura. La leyenda “Ladrón cogido, ladrón quemado” es mestiza.

El doble proceso pedido por nuestro Presidente y el Fiscal sería avasallamiento de la cultura indígena. Ellos saben que violaría la Constitución (artículo 171), el Convenio 169 con la OIT y Código Orgánico Función Judicial (artículos 343 - 5). Urgen las precisiones, que no hicieron los asambleístas.