Los datos que anteceden son del Observatorio de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia, a partir de la Encuesta de Condiciones de Vida del INEC, del año 2006.
Una de las razones de estas cifras es el peso que tienen en ella el acceso a la educación y su calidad.
El año pasado, 400.000 niños, niñas y adolescentes no estuvieron matriculados en grado o curso alguno, estaban, pues, excluidos del sistema educativo. Pero, además, 465.000 estaban fueran de la edad escolar.
Para este año y haciendo proyecciones, el Observatorio calcula que 200.000 ecuatorianos costeños comprendidos entre 6 y 17 años, probablemente, no irán a la escuela.
En el caso de los adolescentes, el 20% de ellos no irá a la secundaria, lo cual mantendrá la tendencia, pues en el Ecuador solo 3 de cada 10 ciudadanos la han terminado.
Estas cifras son aún más alarmantes cuando se trata de las áreas rurales, en las que apenas 4 de cada 10 adolescentes están estudiando y 1 de cada 2 abandona los estudios al terminar la primaria.
Si bien el acceso a la educación ha mejorado en los últimos años, el nivel de culminación de los estudios es aún bajo: 7 de cada 10 ecuatorianos han terminado la primaria y 4 de cada 10 han concluido los diez años de educación básica. Solo el 37% de las escuelas y colegios tiene biblioteca, mientras el 63% tiene laboratorio de computación.
Los datos que anteceden, meramente cuantitativos, nos hablan claramente del futuro del país, si no se logra cumplir el Plan basado en los ocho puntos de política educativa aprobada por los ecuatorianos.
Es importante que los ciudadanos y ciudadanas hagamos un seguimiento y exijamos que el presupuesto de educación sea incrementado, fundamentalmente, para incidir en la calidad de la educación, y esto significa dedicar dinero a investigación educativa, a evaluación educativa, a formación de los maestros, a actualización permanente de los docentes y a mejorar sus salarios.
Sin educación de calidad y educación para la ciudadanía seguiremos viviendo de sobresalto en sobresalto y a merced de los impulsos y arbitrariedades de gobernantes y políticos. Si el presente es desalentador, sin mejor calidad educativa, el futuro no existe.