Marcado por el 30 aniversario del golpe militar de 1973, el año que termina supuso para los chilenos el primer análisis en libertad de su historia reciente y el escenario de un nuevo enfrentamiento entre las figuras de Salvador Allende y Augusto Pinochet.
El presidente que murió en su puesto ha sido descubierto por aquellas generaciones que crecieron escuchando solo cosas negativas de él, mientras que Pinochet, pese a los esfuerzos de sus allegados, se desdibuja como figura política al mismo tiempo que su irreversible deterioro físico.
La sociedad chilena parece haber decidido guardar su pasado sin resolver las diferencias que la quebraron en 1973, pero también con la opción preferente de mirar hacia adelante. En ese contexto, Pinochet vio cómo le han vuelto la espalda hasta sus antiguos partidarios, mientras Allende encontró un respeto general, incluido el de algunos que colaboraron en derrocarle.
Una de las muestras más significativas de esta realidad fue la reapertura, el pasado 11 de septiembre, de la histórica puerta lateral del Palacio de La Moneda conocida como ‘Morandé 80’, clausurada desde que por ella fue sacado el cadáver de Allende. Ese breve acto, sin discursos y encabezado por el presidente Ricardo Lagos, fue uno de los de mayor contenido en el aniversario del golpe, pues representó, en palabras del jefe de Estado, la recuperación de una tradición republicana.
Allende volvió también a La Moneda en unos cuadros y unas placas colocados en uno de los salones de la sede gubernamental, al que se le dio su nombre. El fallecido presidente se reinstaló también en la memoria colectiva de Chile a través de dos recitales masivos ofrecidos por artistas de toda Latinoamérica y en decenas de encuentros, foros, mesas redondas, seminarios y exposiciones que se prolongaron durante meses.
En la otra trinchera, Augusto Pinochet salió del ostracismo el mismo 11 de septiembre, en una sorpresiva comparecencia ante la prensa, en la que regaló a la Fundación que lleva su nombre la banda presidencial que utilizó durante su gobierno (1973-1990). El ex gobernante dirigió un saludo leído por su esposa, Lucía Hiriart, en el que abogó por el reconocimiento de “la verdad” de lo que pasó en 1973, insistió en que fue su gobierno el que levantó el país y pidió a la Fundación “mantener el legado” de su régimen.
Quienes pensaron que tras esa comparecencia Pinochet volvería a su vida entre algodones, cuidando su salud, se equivocaron. Su 88 cumpleaños, el pasado 25 de noviembre, fue el pretexto para una nueva y controvertida aparición pública que en la esfera política tuvo un efecto bumerán para su ya deteriorada imagen.
Un día después de haberse confirmado que 400 opositores a la dictadura fueron lanzados al mar atados a raíles de tren y metidos en sacos, apareció en un canal de Miami definiéndose como “un ángel patriótico” y sin arrepentirse de nada. Descartó pedir perdón a sus víctimas y achacó los crímenes a “excesos” de sus subalternos.
Las declaraciones provocaron una disputa en su familia y el rechazo de todos los sectores políticos, incluidos quienes le respaldaron cuando detentaba el poder total, que le llamaron a darse cuenta, “de una vez por todas”, de que es una figura del pasado.
Algunos dirigentes de la Unión Demócrata Independiente (UDI), que sustentó políticamente la dictadura, fueron aún más ácidos en su críticas y llegaron a calificar de “disparates” o “desatinos” los dichos del ex gobernante. Como corolario, con sus palabras, controvertidas pero coherentes y bien hilvanadas, Pinochet abrió un manto de dudas sobre el fallo de la Corte Suprema que en junio de 2002 le declaró incapacitado para afrontar un juicio por padecer una demencia vascular “progresiva e irreversible”.
Mientras la historia traza su curso, los chilenos buscan aún completar la tarea pendiente de la transición, según sintetizó el presidente Lagos, quien les llamó a seguir trabajando “para avanzar más en la reconstrucción democrática, el afianzamiento de las libertades públicas y el logro de un país más justo, sin pobreza, con mayor igualdad, pluralismo y tolerancia”.





