La captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero pasado, mostró un escenario político penoso en Ecuador. Más allá de las posturas u opiniones de los líderes locales, en considerable número, se lanzaron insultos, ofensas e improperios, lejos de un análisis de la situación venezolana, de las implicaciones para la región andina, la migración irregular y la visión de país.

Las redes sociales fueron el marco de posteos poco afortunados en medio del feriado de inicios de año. Es necesario reflexionar en aquello porque apenas está empezando un año preelectoral en Ecuador y la ciudadanía en los últimos comicios ha mostrado un hartazgo de la confrontación.

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Los políticos no deberían pasar por alto el análisis de los resultados electorales, pero sobre todo el respeto que merecen sus mandantes, aun cuando se señalan entre actores partidistas.

Ecuador, en año preelectoral, reclama acciones concretas contra la inseguridad, seguir impulsando la economía, la inversión, el trabajo. Los líderes políticos prefieren ofrecer un festival de insultos. El país requiere que planteen más, que propongan, que dialoguen cuando el bienestar está en el centro del debate y haya menos viralidad histriónica o verbal.

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La captura de Nicolás Maduro y la situación política de Venezuela sí merecen un análisis de los políticos porque muestra posiciones e ideología, pero debe hacerse con nitidez, madurez, respeto a la sociedad, a la inteligencia colectiva.

Así como desde esta columna se viene reclamando diálogo y unidad en busca de soluciones de Estado a la inseguridad, hoy exigimos una clase política con debate de altura, respeto para la ciudadanía e incluso entre sí. Ecuador merece debates profundos, estrategias claras y líderes que piensen en país y no en egos o intereses partidistas o personales.

El 2026, siendo preelectoral, puede convertirse en un año de puentes, propuestas, diálogo o en un caos. De los líderes políticos depende, pero la ciudadanía estará vigilante. (O)