Con similares enfoques, varios columnistas se han referido a la necesidad de la aplicación telemática en las distintas actividades del sector agroindustrial, en el que se mueven cientos de empresas privadas de distintos tamaños; es decir, pequeñas, medianas y grandes. Luego de leer un último informe de autoría del BID y su brazo financiero privado Investment titulado “Transformación Digital de los Agronegocios en América Latina y el Caribe” resaltando los resultados de un diagnóstico a las fuerzas productivas del agro, se concluye que la adopción de tecnologías digitalizadas en los países y productos estudiados es incipiente cuando es imprescindible.
Para lograr la reactivación agrícola y elevar productividad, se debe recurrir a la innovación en la que brilla descollantemente el uso de modernas técnicas informáticas que se reflejarán en el crecimiento de las unidades de explotación campesina, dos o tres veces más eficaces para el abatimiento de la pobreza, comparada con la minería, manufactura y servicios, insistiéndose en que recurrir a la conversión digital se vuelve un imperativo para la anhelada propulsión económica de la región, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Se desarrolla un nuevo futuro para la agricultura
La agricultura de precisión, entendida como el uso de tecnología de información concordante con las particularidades de suelo de cada lote, se vuelve una necesidad, así como la aplicación de llamativas herramientas, como drones, imágenes satelitales y sensores que optimizarán las cosechas, controlando el dispendio de agua, fertilizantes, pesticidas y con ello reducir costos, aumentar utilidades, importantes en un mundo globalizado, mejorando las condiciones de competencia, con mitigación de riesgos en un medio altamente competitivo donde la imprevisibilidad y las tendencias cambiantes del clima son las características del negocio agropecuario. Por consiguiente, se debe apuntar a un proceso de fuerte masificación del empleo telemático en todos los niveles agroindustriales susceptibles a recibir los beneficios de la informática, que debe ser promovida desde los espacios estatales, como la banca pública, el Ministerio de Agricultura y organismos descentralizados que la ley les franquea; en todo caso, si esto no fuese una realidad, esa tarea debería ser acometida por asociaciones gremiales en el entendido que es perfectamente manejable por todos los estratos agrarios, indiferente de la cabida de sus predios.
¿Podemos pasar a agricultura 4.0?
El BID abre sus puertas al financiamiento menos costoso para los segmentos privados, con capacidad para realizar estudios de conveniencia hacia la digitalización en cada finca, los alcances que tendría, luego para la compra o alquiler de software, con valores asumibles por cualquier agricultor por modesto que sea, con iguales urgencias que los medianos y grandes. Es necesario consignar que ya se han adentrado en este tema organizaciones bananeras y camaroneras que han acoplado sistemas digitales en sus procesos desde las labores en el campo hasta el procesamiento y empaquetado, pudiendo sumarse a este desafío corporaciones cacaoteras, de la caña de azúcar y hortalizas, en cada uno de los eslabones de las cadenas de valor. (O)