No se trata de escandalizar ni estigmatizar a los responsables de la crisis (que sí existen y muchos) sino buscar de manera urgente y en consenso el camino de las reformas estructurales al sistema del seguro social ecuatoriano que, de no adoptarse a tiempo, el destino es el colapso al corto plazo. De esto se viene hablando tanto tiempo pero no ha existido voluntad política durante los últimos gobiernos y se ha eludido la responsabilidad.
De manera urgente se requiere primero que todos los sectores tomen conciencia de la grave situación del seguro social, que requiere un cambio de modelo, no solo parches, que debe empezar ya para darle sostenibilidad, especialmente a los fondos de pensiones y de salud. Este 2026 debiera ser de acuerdos y la convergencia de todos los sectores (empleadores, trabajadores, gobierno) para encontrar fórmulas viables y que sienten las bases del cambio.
Año tras año la situación se deteriora y se consumen los fondos. El 2026 se ha informado que por falta de liquidez, el IESS tomará de sus reservas 1.407 millones de dólares para cubrir las pensiones jubilares y parte para la atención en salud. El aporte anual del Estado no alcanza para cubrir las necesidades. A eso se suma la situación del Banco del Iess, que ha tenido inestabilidad y que en lugar de aumentar el presupuesto para los créditos hipotecarios, ha ido reduciendo.
El problema va mucho más allá del pago de la gigantesca deuda que tiene el Estado con el IESS, como plantean algunos, porque además no se puede cumplir sin un acuerdo previo ni de manera total por los enormes montos acumulados y que año tras año se siguen sumando. Incluso, en el supuesto que se pagara la deuda, simplemente con el actual sistema la agonía se alargaría unos años pero el camino del colapso seguirá igual porque es insostenible.
El problema es el modelo actual porque no se sustenta en bases sólidas, con grandes distorsiones como la implementación de la atención a los hijos de los afiliados menores de los 18 años, sin ningún financiamiento, o el mantenimiento en las actuales condiciones del seguro social campesino.
El país está cansado de escuchar diagnósticos, que cada día se agravan, y obliga a sentarse a diseñar cambios profundos que se requieren, partiendo de bases ciertas y exigir la presentación de balances actuariales actualizados y cómo cerraron las cuentas en diciembre del 2025.
Existen aportes de reformas, como el presentado hace casi tres años por una respetable comisión de técnicos, con aportes puntuales para el sostenimiento del fondo de pensiones, pero ni siquiera ha sido materia de debate y solo ha quedado para el anaquel. Fue un proyecto que pudo ser mejorado y enriquecido u obligaba a la presentación de una alternativa, pero nunca llegó ni lo uno ni lo otro.
En estas condiciones, es hora que la administración del IESS haga público con transparencia el estado de la situación actual, emprenda una campaña permanente y sostenida, que busque concienciar a jóvenes, adultos, afiliados y jubilados sobre la importancia de un sistema de seguridad social.
Si no hay esa predisposición, los jóvenes y jubilados, especialmente, debieran tomar la iniciativa para salir a reclamar por los cambios que se requieren y preocuparse de un tema que solo repercute cuando los hechos están consumados. (O)