Los hechos recientes puestos al descubierto, solo como ejemplos, en la Isla Mocolí, Samborondón, Puerto López y otros tantos sucesos ocurridos en el país reflejan los altos niveles de violencia e inseguridad y también la danza de los millones de dólares vinculados al narcotráfico y la minería ilegal, sin los rigurosos controles de las instituciones de los movimientos de las economías criminales.
Este es un problema serio del Estado ecuatoriano y no solo atañe a las fuerzas de seguridad. El Gobierno nacional, los gobiernos locales (cobran la tasa de seguridad) y provinciales, la Unidad de Análisis Financiero, la Corte Constitucional, la Superintendencia de Compañías y tantas otras instituciones que están llamadas a contribuir en estos momentos de violencia e inseguridad, que ponen en riesgo la misma supervivencia de la Nación. Las organizaciones políticas que se vinculan con estos males y hacen el juego al narcotráfico y la minería ilegal con su doble discurso y doble moral y la ingenuidad de sus seguidores que les creen.
Las familias, que no controlan o desconocen los movimientos de sus miembros, que en unos casos aparecen en corto tiempo con fortunas y en otros que se ven obligados a vincularse a las bandas criminales. Por cierto, no justifica pero explica, la pobreza y la falta de empleo son también detonantes de esta situación.
Sin la unidad nacional contra estos males, que están destruyendo la débil institucionalidad, será muy difícil enfrentar con éxito y lograr resultados positivos cuando está en juego la paz interna. Hay que estar conscientes que sin seguridad no habrá desarrollo.
Penosamente, el país se va acostumbrando a vivir en medio de esta ola de violencia, de asesinatos, secuestros y extorsiones, atentados contra la vida, que se normalizan y crecen en medio de la impotencia ciudadana, pese a los esfuerzos que hacen las FF.AA. y la Policía, pero que resultan insuficientes frente a la dimensión del problema.
El país debería reflexionar sobre la extrema gravedad de la situación que se vive por las acciones de los grupos delincuenciales organizados, que son transnacionales, el narcotráfico, la minería ilegal, la narco política, que han contaminado todos sectores y que mantienen en vilo al Ecuador.
No se dimensiona sus implicaciones y la forma como ha penetrado en todas las estructuras del Estado e incluso está desbaratando a las familias que, en muchos casos, debido a la crisis económica y la pobreza, obliga a doblegarse ante estos males y, en otros, las ambiciones y el estatus de vida les ha llevado a buscar un enriquecimiento rápido aunque los mecanismos sean ilegales. Ya no se tiene vergüenza por la vinculación, por acción u omisión, directamente o como colaboradores, en medio de hechos que ya no llaman la atención como la inclusión de las calificadas muñecas de la mafia, al estilo de países que han sufrido por décadas como Colombia y México.
Cómo explicar que durante los dos últimos años hayan superado los 16 mil asesinatos y solo el año 2025 rebasaron los nueve mil, al cumplirse este mes de enero la declaratoria del conflicto armado interno a comienzos del 2024. Se ha perdido la conciencia de esta lamentable realidad. (O)