Obtener una cita médica en las unidades del IESS se ha convertido en un logro que no todos los afiliados alcanzan. El sistema de programación arrastra, desde hace años, deficiencias evidentes de eficiencia y funcionalidad. Para muchos pacientes, conseguir un turno implica una verdadera odisea que puede prolongarse por meses, mientras sus síntomas generan angustia y su estado de salud se deteriora progresivamente.
El 20 de febrero de 2026, el IESS anunció una nueva disposición: el tiempo de atención para pacientes subsecuentes se reduce a diez minutos por consulta, con el objetivo de incrementar el número de atenciones diarias y disminuir la lista de espera. En las especialidades no quirúrgicas se estableció un tiempo de veinte minutos. La medida ha reabierto un debate fundamental sobre la calidad de la atención en el sistema público de salud.
Esta situación no es nueva. Desde hace años los tiempos de consulta en hospitales públicos de tercer nivel se han ido acortando por la saturación del sistema: cada vez hay más pacientes que atender mientras el número de médicos especialistas permanece igual o disminuye. Sin un fortalecimiento real del primer nivel de atención –dispensarios y centros de salud– reducir la duración de las consultas subsecuentes aportará poco o nada a la solución del problema estructural. Por el contrario, compromete la buena práctica médica.
No todas las consultas de seguimiento son equivalentes. Un paciente que acude únicamente por renovación de medicación no requiere la misma evaluación que quien necesita revisión de exámenes complementarios. Analizar resultados diagnósticos implica interpretación clínica, toma de decisiones terapéuticas y respuesta a las inquietudes del paciente. Diez minutos resultan insuficientes cuando el acto médico exige razonamiento clínico y comunicación efectiva.
Además, una cita subsecuente puede revelar síntomas nuevos o cambios en la evolución de la enfermedad. En tales casos, la consulta deja de ser un simple control y exige un abordaje similar al de una primera valoración. Forzar estos escenarios dentro de tiempos rígidos incrementa la sobrecarga laboral del personal médico y eleva el riesgo de errores, omisiones y mala práctica, comprometiendo la seguridad del paciente.
Un sistema sanitario eficiente se sostiene sobre una atención primaria sólida. Muchas patologías frecuentes pueden resolverse sin necesidad de derivación a hospitales de alta complejidad. Así como se requieren especialistas en los hospitales de tercer nivel, es prioritario fortalecer la medicina familiar. El médico de primer contacto, con criterio clínico adecuado, puede resolver los problemas dentro de su competencia o derivar oportunamente al especialista. Esta es la vía más efectiva para descongestionar la consulta externa hospitalaria.
Este enfoque se ha discutido por años sin avances sustanciales. Las nuevas “citas exprés” no atacan el problema de fondo. Priorizar cifras de productividad por encima de la calidad asistencial tiene consecuencias claras: menor detección temprana, menor prevención, diagnósticos menos precisos y mayor insatisfacción de los pacientes. (O)