Estoy asombrado por la tecnología usada en el ataque de EE. UU. a Irán. No sé de dónde lanzaron cohetes para destruir instalaciones atómicas y bélicas en Irán con una precisión letal, sin previo aviso ni declaración de guerra, burlando sus defensas. El presidente Trump decidió el ataque junto con el primer ministro de Israel, señor Netanyahu. ¿Por qué?

Irán es una república islámica dirigida por clérigos islamitas de la rama chií. Prácticamente es una teocracia, muy rica en petróleo y gas y que desde hace mucho se declaró enemiga de los Estados Unidos y Occidente. Se la acusa de financiar el terrorismo internacional y, como todos los musulmanes, odian a los judíos.

Israel lanza una nueva oleada de ataques contra Irán

Un país que tiene enemigos poderosos debe proteger sus sofisticados armamentos. No pudieron impedir su destrucción y su respuesta resultó tímida atacando instalaciones militares norteamericanas en los países vecinos.

Hay mucho odio de por medio. El mismo libro sagrado de los musulmanes, el Corán, maldice a los infieles. “Cuando los matas, Dios es el que mata”. Quieren destruir a los judíos. Estos deben luchar por sobrevivir en un territorio que dicen es suyo desde los tiempos de Moisés. La tierra prometida. Lo mismo dicen los palestinos, que esos lugares son de ellos. Por supuesto, Irán los apoya en todo.

El ataque a Irán estaba planeado para mediados de año, pero fue adelantado, según Israel

Israel es un pueblo que lucha por existir y en ese empeño se valen de sus privilegiadas inteligencias, pues dicen ser el pueblo elegido por Dios. Son muy influyentes en la política norteamericana.

Los pueblos de los medos, persas y elamitas son mencionados en la Biblia y en las historias más antiguas. Fueron en parte el país de los indomables partos, que vencieron a los romanos en la batalla de Carras, en la que murió Craso, uno de los triunviros de Roma (junto con César y Pompeyo). Años más tarde fueron vencidos por el emperador Trajano, que murió antes de convertir el territorio en provincia romana.

Israel bombardea sedes del Ministerio de Inteligencia iraní y la Fuerza Quds en Teherán

Ahora Irán enfrenta la derrota. El ataque mató a la cúpula dirigente de los ayatolás y les debe ser difícil reconstruir sus cuadros. Tal vez a usted, lector, le suenen nombres aprendidos en las clases de historia de la secundaria, las guerras con los persas de Darío, Jerjes y Artajerjes, el heroísmo espartano de las Termópilas, el triunfo de los griegos en Salamina, siempre enfrentando a los persas. Quienes aman la arqueología quizás recuerden los nombres de ciudades como Susa y Persépolis. El filósofo Hegel escribió que, al transitar por las ruinas de esta última, no podía dejar de pensar en la futilidad de los imperios y en que todo está sujeto al devenir.

El mundo está conmocionado por estos sucesos y, como siempre ocurre, hay quienes aplauden el ataque y quienes lo condenan en su país, porque actuó sin autorización del Congreso (si lo hacía no era sorpresa). En el mundo porque todos esperamos que las diferencias entre naciones se resuelvan por medio del diálogo. Pero ¿cómo confiar con quien al mismo tiempo que financia la destrucción del otro se sienta a dialogar para después no cumplir lo convenido?

El saldo de todo esto es que hay menos bombas atómicas y que el mundo ganará con la disminución por algunos años del club atómico. (O)