Sí, han pasado 7 días desde la posesión del presidente Guillermo Lasso. Faltan 1.454 días para completar el periodo de cuatro años (1.461 días).
Hay direccionamientos que ya deben evidenciarse. Algunos se dieron en el mensaje que siguió a la posesión. Destaco la coincidencia con la presidenta de la Asamblea Nacional, Guadalupe Llori, en cuanto a trabajar dentro de los espacios de cada función del Estado, respetando las diversidades, pero haciendo esfuerzos por los consensos en lo esencial. También quedó claro que no hay que anclarse en el pasado, sin olvidarlo, para lo que se deben respetar las vías jurídicas, en cuanto a la investigación y la sanción de la corrupción, con la obligación ineludible de que haya total transparencia, sin ocultamientos ni cálculos. La impunidad, en un supuesto, y/o, en otro supuesto, el aparataje para sindicaciones específicas, de no haber el soporte de pruebas y/o vínculos que lleven a estas, no son admisibles.
El Ecuador rechaza que, ante los hechos reales de saqueo y dispendio de recursos en los últimos catorce años, las investigaciones no lleguen a resultados y a vías de recuperación de los montos de perjuicios causados.
Debe haber franqueza en cuanto a informar al Ecuador que no todo puede hacerse de inmediato; pero hay que comenzar a hacerlo. El compromiso de desconcentrar el acaparamiento de la liquidez pública en la cuenta única del Estado, en severo perjuicio a los gobiernos autónomos descentralizados —sobre todo en el caso del IVA—, universidades, Solca, entidades de control y otros beneficiarios, que impuso el correato, deberá ejecutarse con programa y cronograma.
El discurso del correato de satanizar la desinversión pública —y no me refiero a espacios como los de la seguridad social y de salud y educación pública, que el Estado debe corregir y fortalecer— trata de tapar la tremenda corrupción y el dispendio que estuvo atrás de las empresas que asumió su Gobierno, como los casos de Seguros Sucre y los medios de comunicación que se incautaron, todos en quiebra real, aun cuando “subsistan” porque el Estado los mantiene. Y esa corrupción se extendió a las entidades del Estado, como las argollas que saquearon al IESS, al Isspol y las de los negocios mafiosos en Petroecuador, en hospitales y en contratación pública.
He leído a Leonidas Iza, dirigente indígena mariateguista —la línea de Mariátegui es la más radical del Perú, que apoya al profesor Pedro Castillo para la Presidencia, en la segunda vuelta en ese país— expresar: “El Gobierno que salió (el de Moreno) era bien bruto, no entendía” (...) “Estamos bien jodidos. Por eso, invito a una gran movilización el viernes 11 de junio frente a las medidas de ajuste económico con respecto a los combustibles, las tasas de interés en los bancos privados y públicos y cooperativas de ahorro y crédito, alza de pasajes, privatización de bienes públicos y la profundización del modelo neoliberal que continuará Guillermo Lasso”. ¿Coincidencias con el correato?
¿Qué se quiere? Suponiendo que Castillo gane el 6 de junio en el Perú y que Colombia siga hundiéndose en la conflictividad en las calles, ¿provocar la represión en el Ecuador, para que el incendio social se extienda? Lasso no debe estar desprevenido. (O)









