En su libro La primera materia, la autora argentina Cynthia Edul entrelaza la historia textil con la escritura y plantea que nudo y trama formaron la primera gramática de la historia. La autora asimila ambos conceptos al señalar que la “fibra vuelta hilo” fue el primer entramado y culmina con la analogía directa: “Tela, urdimbre, red, tejer, textura, texto”.
Esta relación explica cómo la creación de textiles precedió a la escritura, convirtiendo la trama y el nudo en una forma temprana de lenguaje.
Susana Cárdenas escribe. Susana Cárdenas siembra. Y nos tiende una trampa porque, al igual que en la vida, es imposible encasillarla. ¿Es ella una sembradora que escribe o una escritora que siembra?
Respondo con la frase de Georgi Gospodinov: La memoria es el único jardín donde aún podemos encontrarnos. Yo creo que escribimos desde la memoria: una memoria a veces mentirosa, a veces inventora, a veces imaginativa, pero memoria al fin.
El jardín, la siembra y el texto necesitan cuidado, paciencia, compromiso y espera. Así como se arrancan las malas hierbas y se protegen las matas que sirven, el narrador intenta guardar los recuerdos antes de que desaparezcan. Sembrar y narrar son gestos contra el olvido.
A medida que leí los cuentos Sobreviviente desnuda y sabiendo del amor de Susi a las plantas, me fui dando cuenta de que sembrar y escribir se parecen más de lo que creemos. Ambas actividades comienzan en silencio. Nadie aplaude al jardinero cuando remueve la tierra; nadie aplaude al escritor cuando abre un cuaderno en blanco. Abrir un surco y abrir una página son actos solitarios; sin embargo, allí ocurre lo vital: la preparación. Ahí uno se enfrenta consigo mismo; ahí llegan, como ventarrón, los miedos y los fantasmas, las nieblas y las sospechas. Es que la literatura no nace de la facilidad, sino de esa pequeña angustia interior que incomoda y obliga a afinar la frase hasta que suene verdadera.
El jardinero limpia el terreno, aparta las piedras, afloja la tierra endurecida. El escritor hace algo parecido: despeja el ruido, ordena sus ideas, escucha esa frase que aún no sabe si germinará, porque no toda semilla crece, como no toda idea salta lista y perfecta al texto.
Sembrar es enterrar la semilla con la esperanza de que brote. Escribir es un acto de fe. Al mirar la tierra de la superficie no se ve nada, pero algo está germinando en secreto.
Regar se parece a escribir y se vuelve una tarea constante, a veces humilde, a veces despiadada, pero siempre importante, porque ahí llega el tiempo de la poda.
En el jardín se cortan ramas para que la savia encuentre su camino. En la escritura se tachan frases, se cambian palabras, se depura; y, a veces, se renuncia. No se puede forzar la floración, como no se debe forzar el texto. A ambos hay que darles tiempo.
Cosechar y publicar tienen en común algo muy difícil: soltar. El fruto ya no pertenece al jardinero. Las historias escritas tampoco.
Gospodinov dice: Todo jardín es una forma de resistencia. Y sí, sembrar y escribir son formas de resistir: frente a la melancolía, a la prisa, a la injusticia, y también frente a la muerte y frente a la vida. (O)












