El título de mi artículo no hace alusión a las celebraciones para recibir el nuevo año. Tampoco a cómo los ciudadanos podríamos recuperar la salud después de tanta comida y alcohol durante las celebraciones de Navidad y Fin de Año. Sin duda los excesos nos afectan la digestión y nos han hecho subir de peso, pero ese no es el tema que hoy convoca mi atención y preocupación extrema.
Se trata del gravísimo estado del sector de la salud en el Ecuador. Hasta hoy no puedo borrar de mi mente la dolorosa imagen de una madre que abraza una caja de cartón que cubre el cuerpo de su pequeña hija fallecida en un hospital público en la ciudad de Macas. Me la imagino vacía, con un dolor inmenso en el alma. Su partida le ha robado el sentido a su vida. A esta mujer no solo la muerte le arrancó la vida a su hija, sino un Estado indolente al que no le importa la vida de sus niños, ni de nadie.
Estas imágenes de dolor e impotencia, se repiten en todo el país. Somos testigos de plantones de pacientes y sus familias fuera de los centros de salud. Ciudadanos adoloridos sufren a diario las consecuencias de recortes presupuestarios, equipos dañados y la escasez de medicinas y alimentos en los hospitales públicos y del IESS.
La atención médica de los ecuatorianos no es una prioridad para el Gobierno. Cinco ministros de Salud han desfilado por esa cartera de Estado, lo que evidencia el nivel de improvisación que da como resultado el colapso y agravamiento de la crisis en el sector y en la salud de los ecuatorianos. En su breve paso algunos ministros se limitaron a negar la crisis, pero la verdad es que la salud hoy es un privilegio en el Ecuador.
El haber sancionado al director del hospital en el que se entregó a esa madre el cadáver de su hija en una caja de cartón no cambia nada. Es solo una medida reactiva ante la degradación a la que han conducido con palo de ciego al servicio de salud las autoridades de turno.
Las declaratorias de emergencia no han servido. El año 2025 cerró sin una solución clara a la crisis. El desabastecimiento no se ha solucionado, siguen los problemas para agendar una cita y se multiplican las denuncias de corrupción.
El presidente ha nombrado a su vicepresidenta, María José Pinto, como encargada del Ministerio de Salud. Tan pronto como asumió el encargo ella anunció que realizaría un análisis profundo sobre la situación del sector. Han pasado algunas semanas y todavía no se conocen los resultados de dicho diagnóstico.
Por lo pronto, la vicepresidenta Pinto ha asegurado que la falta de medicamentos se superará en el primer trimestre de 2026. No sabemos cómo.
Mientras tanto, las enfermedades y los dolores para pacientes y familiares avanzan sin tregua ante la impotencia de los médicos que no pueden trabajar porque les falta todo, hasta un ataúd para entregar a la madre el cuerpo de su hija de un mes de nacida. La fotografía de esta madre desnuda una cruda realidad. El sector de la salud en el Ecuador está en terapia intensiva. Grave situación para la mayoría de ciudadanos que depende de un servicio de salud público. (O)










