Tengo para mí que los carteles del crimen organizado han sido, son y serán consustancialmente transnacionales.
Van estas líneas dirigidas para aclarar la importancia de las reuniones recientes, tanto militares como diplomáticas en los Estados Unidos de Norteamérica. Es mi deseo y mi creencia ayudar a quienes aún dudan que la batalla contra el enemigo transnacional se fundamenta en la cooperación para la seguridad internacional.
Consecuentemente, bien está, que se realicen maniobras conjuntas entre las fuerzas navales de las armadas del continente; y oficialmente declaren como terroristas a las bandas que actúan en nuestros barrios y en las parroquias rurales de nuestras ciudades, a quienes el presidente ya les declaró la guerra interna; bien está que los Gobiernos constituyan un escudo para la defensa de sus pueblos.
Sin embargo, estoy convencido de que sufrimos de un mal mayor, que es el desgarramiento del alma nacional, cuando se pierde la esperanza del triunfo de un conflicto, que todos debemos pelear como personas, miembros de la sociedad ecuatoriana.
El país ha recibido desinformación en estadísticas contradictorias, pero nadie puede olvidar que son hechos innegables los que desgarran el tejido social como: la industria del sicariato; las extorsiones; los secuestros; el lavado de dinero sucio; la minería ilegal combatida a cañonazos por las Fuerzas Armadas en la Costa, Sierra y Oriente; la contaminación de los containers para transportar toneladas de alcaloides a Europa; el reclutamiento cruel de menores de edad; las explosiones dinamiteras que siembran el terror; las masacres en distintos cantones y parroquias del país, con fusiles de asalto; de los motociclistas que se fugan y jamás son capturados, entre otros con muchas claras evidencias.
La salud de la población es fundamento de la seguridad, por cuanto no existe democracia en el mundo cuando las ciudades están sitiadas por las pestes y por epidemias. Peor aún cuando las enfermedades aparentemente extinguidas renacen en los mal llamados centros de rehabilitación social, donde las PPL contagian a sus familiares. De manera que mientras las bandas dominen a las unidades médicas del IESS, asesinen a sus administradores, corrompan a quienes proveen las medicinas, como es el caso del hospital Dr. Teodoro Maldonado Carbo, no podremos avanzar.
En contraste, con las líneas anteriores, debo recordar a un olvidado filósofo del siglo VI, Severino Boecio, último pensador de la antigüedad romana, a quien se le atribuye la primera definición técnica de persona como “sustancia individual de naturaleza racional” (Naturae rationalis individua substantia). El hombre es lo único que, en el mundo, es fin en sí mismo, y puede ser fundamento de leyes. Él nos enseña, dejando a un lado la fuerza del imperio, que la persona se caracteriza por su capacidad de entender, convirtiéndola en sujeto activo y pasivo del derecho, sumando a su condición humana la libertad, la dignidad y la responsabilidad.
¡Seamos optimistas! ¡Combatamos juntos! Si todos los pueblos nos unimos se derrotará a los carteles. En cada amanecer hay un llamado de Dios para la esperanza. (O)