Siguiendo la cruzada emprendida por un grupo de profesionales en defensa del banano y plátano frente a las enfermedades que los acechan, nos movilizamos a Calceta, Manabí, a la Escuela Superior Tecnológica Agropecuaria Manuel Feliz López, Espam, después a la capital mundial del plátano, El Carmen, donde fuimos recibidos por la Federación Nacional de Productores de Plátano, Fenaprope, con estimulante concurrencia, desarrollamos una propuesta financiera y política por la urgencia de reforzar la investigación, para dotarla de recursos y definir el futuro de las musáceas comestibles, que tanto aportan al país en términos económicos, de trabajo y generación de divisas, además convencidos del valor de la opinión de la academia y los gremios agrícolas en temas de tanta relevancia.

Esos desplazamientos fueron una gran oportunidad de transmitir iniciativas, pero también para recibir conocimientos que la práctica cotidiana otorga, como fue la acotación hecha por el catedrático de la Espam Ing. Galo Cedeño, al señalar que el barraganete plantado como sombra de cacao no da señales de la enfermedad bacteriana moko, hecho atribuido a una saludable relación simbiótica (convivencia benéfica de dos especies) entre plátano y cacao, o la ratificación de versiones de añosos agricultores, que constataron la supervivencia platanera al mortal Fusarium raza 1, durante la debacle del Gros Michel, explicado por el carácter supresor al mal de suelos manabitas fértiles y sanos. Pues bien, clarificar esas observaciones y otras como la constatada en la vecina Perú por el experto Marcelo Lillo Zúñiga, inyectando aceite ozonizado al seudotallo para detener y hasta curar el Fusarium R4T. Pero será obra de la investigación formal, escasa en el país, ratificar o descartar esos buenos indicios, no por falta de científicos locales, sino por ausencia de financiamiento público y privado para promoverla.

Muestra de desinterés fue lo acontecido a un grupo de científicos encabezados por el ecuatoriano Juan Robalino Amado, cuando propuso a exportadores en el año 2022 un proyecto de investigación que hubiese comprobado que nuestro barraganete, que ya no es un producto nostálgico para la diáspora latinoamericana, es de enorme expansión internacional, que se produce en el sin par entorno tropical ecuatorial, en suelos costeños, exhibiendo una resistencia natural al hongo, constatada durante varios ciclos por la ecuatoriana Gladys Tazán, al plantarlo en lugares plagados con R4T en zonas tomadas de Mozambique, donde se desempeña brillantemente como asesora de gran valía.

La aludida oferta, que fue desdeñada, para desentrañar la veracidad de la resistencia o susceptibilidad del barraganete, con tres años de estudios a un costo insignificante frente a la seguridad que otorgaría a la inversión tener la certeza de no afectación al barraganete del atroz mal. Conceptuamos, por tanto, el inmenso aporte de la investigación agrícola, a la que no debe escatimarse apoyo económico por los beneficios a la inversión, tanto en producción como en industrialización platanera y agraria, claro horizonte donde debe apuntar de ahora en adelante el Ecuador. (O)