Confirmada la presencia de un brote del mortal hongo en una pequeña finca del cantón Santa Rosa, provincia de El Oro, y los episodios de incontrolables inundaciones por ese sector, preocupa la posibilidad que en las riadas atroces se hayan camuflado las esporas del mal, en especial las temibles clamidosporas, elementos de multiplicación fúngica de gran resistencia por la particular conformación de las paredes celulares que las tornan impenetrables a los desinfectantes comunes, escenario que hace presumir el traslado de patógenos a lugares sanos, que no manifiestan señales de la enfermedad sino después de poco o mucho tiempo cuando las condiciones ambientales estimulen la propagación, inicialmente con invisibles señales.

Frente a ese complicado escenario, los productores, pequeños, medianos y grandes, deben profundizar las conocidas medidas de bioseguridad a ejecutar por propietarios, técnicos y trabajadores, complementadas con acciones precautorias que la técnica recomienda y que constan en protocolos difundidos por el Ministerio de Agricultura que pueden ejecutar los agricultores por pequeños que sean sus predios, pues el mal no discrimina tamaño ni nivel de tecnificación, cualquier plantación es candidata a ser afectada. La vía adecuada es el robustecimiento de las plantas mediante el uso de bioestimulantes que coadyuvan a otorgarles resistencia a la penetración y posterior traslocación de los patógenos. Lo dicho es fundamental hasta que la ciencia encuentre variedades resistentes a la enfermedad, que puede requerir entre cinco y ocho años, siempre que se cuente con financiamiento.

En nuestro medio ya existen métodos y sustancias que cumplen eficazmente esa función, promovidos por profesionales capaces, de vasta experiencia, como el Dr. Víctor Hugo Quemí Arce, promotor del producto ADMF, que es un concentrado de varios vegetales, pero también hay concentrados de microalgas marinas, aplicados directamente al suelo o a través de las labores de riego, atomización aérea y, por último, aunque parezca utópico, inyectado al pseudotallo.

Conviene mencionar una nueva vía a través de la aplicación de ozono en mezcla con aceites vegetales también mediante inyección, al suelo y a las hojas, estudiada y publicada en revistas científicas internacionales por su autor el doctor Ángel Llerena. En esta misma línea trabaja el experto Marcelo Lillo Zúñiga, diseñador y constructor del equipo de aplicación para la inyección al pseudotallo empleado exitosamente en Perú en lugares altamente comprometidos. Con el mismo objetivo trabaja incansablemente el ingeniero Andrés Brando, con su conocida marca Dr. Suelo, que sugiere además trabajar en la salud del suelo, en mantener la riqueza microbiológica para dar “fortaleza a la planta y debilitar a los patógenos”.

Es decir, el Ministerio de Agricultura tiene a su disposición varias alternativas de autoría de profesionales nacionales que deberían ser convocados y definir con ellos un plan nacional de defensa de las musáceas comestibles frente al embate de traumas fúngicos, bacterianos o virales, capaces de destruir una esencial riqueza nacional. (O)