El primer ministro canadiense, Mark Carney, dijo en Davos algunas verdades: “…hablaré de la ruptura del orden mundial, el fin de una ficción agradable y el comienzo de una realidad brutal en que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción, el orden basado en normas tiende a desaparecer. “Los fuertes actúan según su voluntad y los débiles sufren las consecuencias”, dijo Tucídides. Las potencias han comenzado a utilizar la integración como medio de presión, los aranceles como palanca, las finanzas como medio de coacción, las cadenas de suministro como vulnerabilidades que explotar … estamos en plena ruptura, no en plena transición”. Algo muy claro: el orden internacional era una “ficción” a la que todos se ajustaban sabiendo que no era real, pero sí útil. Y ya no se puede mantener. Es lo que Harari dice: las sociedades vivimos de ficciones que nos creamos para convivir, ejemplo, dinero, modelos políticos e incluso relaciones personales. Duran un tiempo.
Desde 1945 el mundo se sustentaba en dos mecanismos. Uno, los organismos internacionales creados o potenciados para generar equilibrios económicos, sociales y políticos (NN. UU., FMI, OMC y más). Dos, el enfrentamiento/negociación entre grandes potencias, antes EE. UU. con Rusia, ahora con China, cada uno con sus aliados y sus circunstancias, porque no era lo mismo los EE. UU. de la primera fase con un 40 % de la economía mundial que la de ahora que alcanza el 25 %. Ahora es más comprensible que la penetración china, con sus varias aristas, afecte su hegemonía: ideológica, monetaria (queriendo que el yuan se torne moneda central), de poder (vía préstamos que generan dependencia), estratégica (adquiriendo participaciones en energía, minería y alimentos), militar, tecnológica y comercial (primer socio de muchos países). Y la reacción lógica del amenazado es intentar recuperar los espacios debilitados.
Los organismos y reglas internacionales fueron útiles como dice Carney: “Durante décadas nos adherimos a sus instituciones, alabado sus principios y beneficiado de su previsibilidad ... la hegemonía estadounidense, en particular, contribuía a garantizar beneficios públicos: vías marítimas abiertas, sistema financiero estable, seguridad colectiva y mecanismos de resolución de controversias”. Pero quizás en 70 años se han fragilizado. Ejemplo, cómo pensar que la OTAN debe ser mayoritariamente financiada por EE. UU. cuando los demás países son ahora ricos. O las reglas del comercio, patentes e inversiones que han sido utilizadas hábilmente por la China ¿es aceptable? O la incapacidad internacional para enfrentar el narcotráfico (¿en qué principios nos basamos?), o los continuos conflictos en el Medio Oriente.
Y la propia China (en parte por el abandono americano) que ha penetrado con Irán en el Medio Oriente, con Rusia en Europa, con Cuba y Venezuela en América Latina y con dinero aquí mismo y en África. ¿Es normal que el hegemón americano le deje esa vía libre? ¿O qué reglas debe aplicar para frenarla? Desde el punto de vista de los otros es quizás inaceptable, ¿pero desde el punto de vista del poderoso? Sin duda el mundo ya no es el mismo, y hay que construirlo sobre bases diferentes, intentando entender la visión de “unos” y “otros”. (O)