Ecuador enfrenta una crisis silenciosa, pero persistente en materia de seguridad vial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2021 el país registró una tasa de 23,4 muertes por accidentes de tránsito por cada 100.000 habitantes, la más alta de Sudamérica. Lejos de mejorar, las cifras actuales indican que 11 personas mueren cada día en las carreteras, lo que evidencia la ausencia de avances reales.
Datos oficiales de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) señalan que 2.373 personas fallecieron en 2023 a causa de siniestros viales. Esta cifra convierte a los accidentes de tránsito en la quinta causa de muerte en el país, solo superada por las enfermedades isquémicas del corazón, homicidios, enfermedades cerebrovasculares y diabetes mellitus. Además, el informe Estadísticas de Transporte (Estra) 2024 del INEC revela que en 4.868 siniestros se registraron 10.540 personas involucradas, de las cuales el 43 % fueron pasajeros, víctimas que no tenían control sobre el hecho.
A nivel mundial, los accidentes de tránsito provocan 1,19 millones de muertes al año, lo que los ubica como la duodécima o decimotercera causa de muerte, muy por debajo del peso que tienen en Ecuador. A esto se suman entre 20 y 50 millones de personas que sufren traumatismos no mortales, muchos de ellos con discapacidades permanentes. En términos simples, por cada persona que muere, entre 10 y 25 más quedan afectadas, lo que convierte a la siniestralidad vial en una de las mayores amenazas sociales y económicas del país. Sin embargo, esta realidad no es inevitable: ciudades como Helsinki han demostrado que alcanzar cero fatalidades es posible.
Una explicación frecuente apunta a que los choferes profesionales, responsables de una parte significativa de los siniestros, estarían mal remunerados. No obstante, las tablas salariales oficiales contradicen esta idea. El salario mínimo de choferes de tráileres, volquetas y transporte de pasajeros interprovincial e intercantonal es de $ 722,44, un 54 % más que el salario básico unificado. Este ingreso supera incluso al de operadores de maquinaria pesada e incluso al de los ingeniero de obra cuyo salario mínimo oficial es 30 % menor, profesionales que requieren al menos 15 veces más tiempo de formación académica.
Esta distorsión salarial no se replica en países vecinos ni en economías desarrolladas como Estados Unidos o Alemania, donde los operadores de maquinaria ganan más que los choferes y los ingenieros superan a ambos entre un 40 % y un 70 %.
En síntesis, Ecuador combina las tasas más altas de mortalidad vial de Sudamérica, una elevada afectación a pasajeros y una estructura salarial que no justifica la magnitud del problema. No se trata de falta de recursos, sino de falta de control, capacitación y responsabilidad. La evidencia internacional es clara: las estrategias para reducir las muertes existen y son aplicables. Corresponde ahora a las autoridades actuar con urgencia.
Resulta que las implicaciones de las fatalidades y los que tienen traumatismos no mortales, más los que terminan con discapacidades permanentes convierten a los accidentes de tránsito a la causa más severa en la población. (O)










