Son múltiples las circunstancias en que pueden darse contrastes. El exvicepresidente de la República Eduardo Peña Triviño, en su columna del pasado viernes 17 de abril, evidenció el contraste entre los servicios del Ministerio de Salud y del IESS, estos pagados con aportes de los afiliados, frente a los de las entidades autónomas como Solca y la Junta de Beneficencia de Guayaquil, en que la atención en los primeros, Estado e IESS, puede llegar a ser de temor de contagio, de agravamientos y de muerte por carencias de lo esencial, por protocolos y tarifarios obsoletos, por entornos que debería motivar a la autoridad sanitaria a actuar, por ser de desaseo e ineficiencias. Solca, en cambio, inclusive tiene prestigio regional. Los solo discursos de negar las circunstancias reales que se dan –y la publicidad oficial que se produce– pierden credibilidad si en los hechos no se dan las rectificaciones. En un futuro no tan remoto podría haber glosas y fijación de otras responsabilidades.

Un gobierno no debe caer en el error de privilegiar posiciones defensivas y ofensivas, sino privilegiar los correctivos, algunos de solo control, seguimiento y mantenimiento. Señalo lo dicho, sin ignorar que hay mafias, que torpedearán los correctivos, a las que debe enfrentárselas. También vale aclarar que son problemas que se arrastran, lo errado es decir que se los está solucionando, sin evidenciarlo, y amenazar sancionar a quien no los oculta.

En otro orden de cosas, en los Estados Unidos siguen las redadas contra inmigrantes. Se llega a acuerdos con países africanos con bajo desarrollo humano e índices de violencia, para que con un pago mínimo se envíe allá, aun dividiendo a las familias, a ecuatorianos y otros latinoamericanos. En resumen, ¿África será el vertedero de los Estados Unidos para migrantes a expulsar? En contraste, España inicia un proceso de legalización de migrantes, que no será perfecto, pero va en vía contraria a suponer delincuente a todo migrante.

El papa León XIV criticó el pasado 16 de abril a gobernantes que gastan miles de millones en guerras, afirmó que el mundo está “siendo asolado por un puñado de tiranos”, y señaló que inclusive han manipulado “el mismísimo nombre de Dios” en su propio beneficio. No hay mención de Donald Trump, aun cuando este formuló una crítica desbordada contra el pontífice después de que este criticara la operación militar conjunta de EE. UU. e Israel en Irán, refiriéndose a la amenaza de Trump de acabar con “toda una civilización” si Irán no accedía a las exigencias de EE. UU. para poner fin a la guerra y abrir el estrecho de Ormuz. Sobre las críticas a la represión contra los inmigrantes, Trump señaló: “León debería actuar a la altura de su cargo como papa”.

Ese mismo jueves 16 de abril, el mandatario señaló que el papa León XIV podía decir lo que quisiera sobre asuntos internacionales, pero que debía comprender la realidad de un “mundo cruel”, señalando que debía preferir reducirse a lo moral y teológico. Sin duda, hay un contraste entre la visión de Trump, que quiere imponerse en todos los escenarios que quien no está con él, está contra él, y la de León XIV, en cuanto a la misión de lo que debe hacer la Iglesia. (O)