Necesitamos que la humanidad encuentre puntos de convergencia y se aleje de la polarización que conduce a la confrontación, los conflictos y la deshumanización.
La época de “incertidumbre radical” que hoy vivimos pasará a ser un capítulo más en la historia de la humanidad, pero no necesariamente sin consecuencias. Lo que la historia podría registrar en sus anales es cómo fuimos capaces de arrojar al tacho de la basura los esfuerzos de 80 años por construir un mundo donde prevalezcan los principios de equidad, igualdad, respeto y el imperio del derecho. Esos ideales nacieron de quienes vivieron las guerras mundiales, presenciaron atrocidades inimaginables y comprendieron la capacidad destructiva del ser humano y de las armas, que causaron la muerte de más de cien millones de personas, la mayoría civiles inocentes. Entonces, los líderes del mundo y sus pueblos se prometieron que nunca más ocurriría una tragedia semejante.
Tras la última Gran Guerra, intentamos superar la confrontación entre dos utopías: el capitalismo puro y el comunismo. Para poner fin a la Guerra Fría fue necesario aceptar la convivencia de una pluralidad de sistemas políticos. Cada país tendría derecho a elegir su modelo, siempre que respetara el derecho internacional y no atentara contra la seguridad de los demás.
Muchos países anclaron sus aspiraciones en la democracia liberal, la economía globalizada y el respeto a los derechos humanos como vía para superar el hambre y la pobreza. Otros optaron por modelos de centralismo planificado con los mismos objetivos.
Hoy, la convergencia para lograr soluciones nacionales hacia 2026 debe ser el camino que siga Ecuador como estrategia de políticas públicas. Esto implica unir esfuerzos público-privados y gestionar relaciones intersectoriales para resolver problemas complejos que ningún sector puede solucionar por sí solo. Nos necesitamos todos.
Busquemos eficiencia operativa y tecnológica, aprovechando el advenimiento de la inteligencia artificial, para alcanzar soluciones cohesionadas a problemas estructurales y coyunturales que enfrentamos tanto a nivel interno como en un escenario internacional cargado de contradicciones y desafíos.
Necesitamos consolidar la articulación de políticas públicas coordinadas con los sectores sociales, a fin de superar nuestras limitaciones internas y enfrentar los problemas que nos aquejan, principalmente el narcotráfico, la corrupción y la ineficiencia.
Vivimos en un mundo cada vez más tecnificado e interconectado, donde es urgente cerrar las brechas digitales y la abrumadora distancia entre las necesidades educativas contemporáneas y un sistema nacional de educación caduco. Debemos vincular al sector productivo con el educativo para fomentar el empleo y devolver dignidad a millones de ecuatorianos.
Mi aspiración es que, como país, desarrollemos resiliencia ante los desafíos globales, y que la sociedad ecuatoriana sea capaz de unir esfuerzos y buscar la convergencia de aspiraciones, necesidades e intereses que nos permitan construir un mejor mañana. (O)