La inflación (IPC) en EE. UU. para el mes de abril se incrementó en 0,8%, lo cual representa un aumento anual del 4,2%. Este es el mayor incremento anual del IPC desde septiembre del 2008. En los días previos, ya se anticipaba un incremento en la inflación, lo que llevó a una caída de los índices bursátiles más importantes. Sin embargo, este efecto fue mayor desde el momento en que se anunció la inflación, dado que no se esperaba que el cambio fuese tan alto.

La reacción mayor fue por la caída de los precios de las compañías de mayor capitalización (blue chips) y de tecnología, como Apple, Facebook, Alphabet (Google) y Amazon. Las compañías de tecnología, que principalmente se negocian en Nasdaq, son afectadas por el incremento de la inflación y que al ser compañías en crecimiento sus mayores beneficios se logran a largo plazo. Por ello, un aumento de la inflación reduciría el valor actual de los beneficios futuros. La caída del Nasdaq afectó también en forma negativa los mercados europeos y los asiáticos, dado la alta interrelación de las industrias de las economías asiáticas con las empresas de alta tecnología de Estados Unidos.

La reacción de Wall Street es basada en el temor a que el incremento de la inflación sea permanente y esto lleve a que el Fed (Banco Central de EE. UU.) aumente las tasas de interés. Sin embargo, el Fed ha indicado que lo más importante es alcanzar el pleno empleo, por lo que puede ser más flexible con la meta de una inflación del 2%. Adicionalmente, el Fed espera que el cambio de la inflación sea permanente y no transitoria, como Richard Clarida, el vicepresidente del Fed, ha declarado acerca del reciente incremento de la inflación.

Al día siguiente en que la inflación de abril fue anunciada, los principales mercados bursátiles muestran signos de recuperación, en parte por la disminución en el número de reclamos por desempleo. Esto es el resultado del crecimiento de la economía americana que solo en el primer trimestre tuvo un crecimiento anual del 6,4%.

El dilema del Fed es que en la medida en que la economía se recupera, tiene que progresivamente mantener una política monetaria más restrictiva, lo cual llevaría a un incremento en las tasas de interés, con el consiguiente efecto negativo en el mercado bursátil. Si este cambio es muy rápido puede generar una nueva crisis financiera, con lo que el proceso de estabilización y reactivación de la economía se estancaría.

El aumento de la inflación en EE. UU. también llevó a que los índices bursátiles y monedas de los principales países latinoamericanos se deterioraron. El posible incremento de las tasas de interés en EE. UU. lleva a una apreciación del dólar, dado que sería mas atractivo invertir en EE. UU. y esto atraería más capitales, aumentando la demanda y, por tanto, el valor del dólar en relación con otras monedas.

Si bien estos cambios son basados en las expectativas del mercado y estos pueden variar muy rápidamente, es posible que algunos de estos cambios sean permanentes y esto puede tener un impacto significativo en los países emergentes, especialmente en América Latina, dada la cercanía con EE. UU. Los países latinoamericanos han sido golpeados fuertemente por la pandemia del COVID-19, el consiguiente encierro, el difícil acceso a las vacunas y por la disminución de la demanda en el mercado mundial. Los países caracterizados por el populismo de izquierda, como Cuba, Nicaragua, Argentina, Bolivia y Venezuela, son aún más vulnerables dado el alto desequilibrio fiscal característico de estos países para mantener sus políticas populistas, por los altos niveles de corrupción o por las restricciones en el acceso a las vacunas para la mayoría de la población. Por estas razones y por el riesgo de contagio regional, los países latinoamericanos deberían hacer los esfuerzos necesarios para fortalecer sus reservas internacionales, junto con la apropiada disciplina fiscal y los cambios de gobierno necesarios, como ha sido el caso de Ecuador, que les permitiría enfrentar este posible desequilibrio externo. (O)