Que la economía ecuatoriana haya crecido un 3,7 % del PIB es una buena noticia; no obstante, cuando se analiza integralmente este guarismo deja entrever que no se trata de una expansión sostenida del aparato productivo nacional, lo cual debería necesariamente reflejarse en la calidad del mercado laboral. Con cifras oficiales, a diciembre de 2025, el empleo adecuado en el Ecuador se ubicó en 37,1 %, resultado que no muestra una diferencia estadísticamente significativa al comparar con el año anterior, según referencia del INEC, respecto de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU). Esto quiere decir que solamente 3 de cada 10 personas de la población económicamente activa (PEA) cuentan con un ingreso igual o superior al salario mínimo, así como laboran igual o más (y menos) de 40 horas semanales. El resto de la PEA o bien está en el subempleo, otro empleo no pleno, empleo no remunerado o abiertamente formando parte del ejército de desocupados. Y, es más, si miramos la estadística de empleo pleno en el área rural, apenas se llega al 20,2 %, por lo que en el campo las difíciles condiciones laborales tienden a agravarse aún más, profundizando con ello la pobreza y desigualdad y, desde luego, explicando con claridad la principal motivación para el complejo fenómeno social y demográfico llamado migración.

Entonces, si el Banco Central (BCE) estima un crecimiento bastante modesto de la economía doméstica para el 2026, con apenas una variación de 1,8 %, es claro, entonces, que el crecimiento del PIB respondió en el 2025 sobre todo a un efecto rebote, en tanto la economía nacional en el año 2024 enfrentó un proceso de recesión expresado en una contracción de la producción de bienes y servicios en el orden del 2 %. Asimismo, y como se conoce, gran parte del PIB ecuatoriano está atado al consumo, siendo esta variable la que incide de mayor manera en el resultado final, por lo que hay que necesariamente desagregar este elemento para explicar de mejor manera los resultados alcanzados.

Sin duda, la inyección de dólares a la economía a través de las remesas ha sido fundamental para sostener el consumo interno (demanda). Con datos del BCE, en el año 2025, el país recibió $ 7.729, 5 millones por concepto de remesas, siendo la recaudación histórica más alta, con un valor similar al 5,9 % del PIB, lo que explica que la dolarización en buena parte se sostiene por los recursos que envían los migrantes, población vulnerable que debió en su momento cruzar fronteras en búsqueda de oportunidades al habérsele negado sus derechos en su propio país.

A esto se suma que las familias ecuatorianas a falta de un ingreso permanente deban recurrir ahora al crédito –y consecuentemente enfrentar los peligros del sobreendeudamiento– para atender incluso necesidades básicas y sostener el gasto en general. De ahí que se diga que en “Ecuador

se come en cuotas”, en tanto el uso de la tarjeta de crédito sirve para comprar el pan, la leche, los huevos, etc., y diferir sus pagos.

De ahí que los migrantes y el pueblo llano son héroes sin capa y merecedores, ellos sí, a la Condecoración de la Orden Nacional “Al Mérito”. (O)