J. Naisbitt y P. Aburdene predijeron en Megatrends y Megatrends 2000 las claves para fines del s. XX e inicios del XXI, como el liderazgo femenino, auge de servicios, avances científicos y tecnológicos, interconexión económica y cultural, expansión china, renovación espiritual y diversos estilos de vida.

Si bien los autores anticiparon la informatización y la globalización, se les cuestiona no haber profundizado en temas como el internet masivo, ética en uso de la IA (inteligencia artificial), redes sociales y salud mental; y problemas como terrorismo, conflictos geopolíticos, erosión democrática, cambio climático y pandemias.

Peter Drucker advertía en Gerencia para el futuro (1993) que, cuando los axiomas dejan de reflejar la realidad, surgen “divisorias” que transforman la sociedad, sus valores, estructura política, artes e instituciones. Sin embargo, en tiempos complejos las tendencias son más breves y menos previsibles. He anotado antes, por ej., las brechas en el cumplimiento de la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

La planificación, antes estratégica, es hoy más operativa ya que lo imprevisto demanda gestiones reactivas. Aunque se contemplen diversos escenarios, aparece lo inesperado y como señala la Ley de Murphy: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”. Así sucedió con la ausencia de M. C. Machado en la entrega del Nobel.

Según Manuel Castells, entrevistado en El País, vivimos un “proceso autodestructivo” lleno de paradojas: mundo conectado pero fragmentado; el multimillonario D. Trump respaldado por la clase obrera; China liderando el crecimiento económico; espiritualidad interna y caos externo; inteligencia pesimista conviviendo con la voluntad optimista.

El editor de The Word Ahead (The Economist), Tom Standage, indica que mientras Trump continúe con su liderazgo disruptivo el mundo será suyo. Republicanos y demócratas ofrecerán narrativas opuestas por el 250.° aniversario de EE. UU. y las elecciones midterms (11/26). Prevé cambios geopolíticos, competencia con China, alianzas inciertas, ciclos de guerra y paz, Europa debilitada, desafíos económicos, avances en IA y biotecnología, progresos en salud, variabilidad en el tema climático, influencia deportiva y nuevas normas sociales.

Daniel Zovatto plantea que en América Latina el liderazgo de las élites en 2026 será clave para las reformas estructurales. Convertir los activos estratégicos en ventajas requerirá de instituciones legítimas, buen gobierno, mayor productividad y reducción de desigualdad. En política exterior, se necesitará una agenda regional estratégica y un “no alineamiento activo” para fortalecer la autonomía.

Adaptarse al futuro en Ecuador implicará enfrentar crisis políticas, alianzas cambiantes, debilitamiento judicial, inseguridad física y digital, dificultades con la seguridad social y prestación de servicios en salud, desempleo y deterioro ambiental. Lo más turbador será lidiar con la creciente presencia de sujetos desbocados en su deseo, tiranos y crueles; “monstruos por exceso” los llamaría Schopenhauer, que perseveran en serlo con la complicidad de un Estado y una sociedad que los protege. ¡Ya basta! (O)