El contenido de esta columna se relaciona con lo escrito por Fabián Corral, articulista de opinión de este diario, en su columna titulada “Nota para un escéptico”, que es su respuesta a un ciudadano que comparte con él sus criterios respecto al valor de las ideas políticas en un mundo que las utiliza venalmente, porque la realidad es casi lo opuesto al contenido de los conceptos que la sustentan.

Es necesario hablar y denunciar las cosas y las circunstancias de nuestra sociedad que incrementan, cada vez más, la brecha entre las ideas políticas y las reales formas que adopta la convivencia social. Callar frente al abuso del poder, a la estrategia astuta y perversa de la política, a la falta de honradez o a la ausencia de efectiva preocupación por el destino de los débiles y pobres, es inaceptable para quien opina públicamente y defiende al mismo tiempo valores democráticos y muchas veces cristianos.

Las nociones morales están incólumes. Nosotros, como grupo humano organizado, nunca hemos estado a la altura de los conceptos con los cuales nos arropamos desenfadadamente. La dogmática moral vigente en la actualidad no es tocada intelectualmente, pero sí lo es en la práctica. Más allá del vocinglero mundo de las redes sociales, en el cual muchos lanzan criterios que se agotan con la misma velocidad con la que se formulan, no existen pensadores o doctrinarios que hayan formulado, con método, ideas que contradigan los conceptos tradicionales de democracia, libertad, igualdad, imperio de la ley o cualquier otra de las grandes ficciones que conforman el imaginario social de las civilizaciones.

La obra del filósofo greco-francés Castoriadis, que enseñó en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, en la década de los ochenta y noventa del siglo anterior, sostiene que la sociedad es el conjunto de significaciones imaginarias o instituciones, a través de las cuales lo justo, lo real y lo que se considera valioso se expresan, pueden ser y tener vigencia. En su libro, La institución imaginaria de la sociedad, sostiene que nociones o ficciones como el Estado, la familia, la propiedad o cualquier otra idea son conceptos que otorgan sentido a la realidad.

Muchos piensan que las ideas políticas son innecesarias y que las formas prácticas que adoptan las sociedades tienen un valor en sí mismas. Esta posición, expresada coloquialmente y a veces en espacios más serios de pensamiento, es también una idea que nadie se ha atrevido a proponerla y defenderla con rigor, por lo complejo de sostenerla como oponente de las grandes nociones que sustentan moralmente a la política y a la democracia en el mundo.

Las ideas y los conceptos no han muerto. Son más necesarios que nunca, precisamente por el decadente alejamiento cívico de la contemporaneidad frente a ellos. Son los individuos que actúan dentro de los sistemas materiales de convivencia social los que obran al margen de las nociones morales que fundamentan filosófica y éticamente a la institucionalidad que permite la vida en sociedad. El ideal está siempre vigente. Somos los ciudadanos quienes debemos prepararnos para alcanzarlo. (O)